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Tabaco
DATOS GENERALES

Origen

El 28 de octubre e 1492, Rodrigo de Jerez y Luis de la Torre, dos compañeros de Cristóbal Colón, fueron los primeros occidentales que vieron a los indios fumando tabaco. Rodrigo de Jerez los imitó en seguida, sin sospechar que de regreso a su tierra habría de ser encarcelado por la Santa Inquisición acusado de brujería puesto que "sólo el diablo podía dar a un hombre el poder de sacar humo por la boca".

Antes de la llegada de los españoles, en todo el continente americano los indígenas consumían el tabaco con fines tanto rituales como terapéuticos. Lo enrollaban en forma de puro, lo envolvían en hojas de maíz a manera de cigarrillo o lo fumaban en pipa. También solían incluirlo en jarabes para beberlo. El tabaco era una planta mágica para los pueblos prehispánicos de México porque "hace visible el aliento".

Los europeos comenzaron a incorporarlo a sus costumbres hasta el siglo XVII, a raíz de la "cura" que logró Jean Nicot de las migrañas de Catalina de Médicis, esposa del rey Enrique II de Francia. En aquel entonces el tabaco era llamado hierba santa o hierba para todos los males porque se recomendaba casi indiscriminadamente para todo tipo de padecimiento.

Etimología

La planta Nicotinia tabacum debe su nombre a Jean Nicot, el médico que introdujo y popularizó su uso en Europa.

 

QUÍMICA

Identificación


La planta del tabaco tiene un tallo recto y hojas anchas. La Nicotina tabacum da flores rojizas y la Nicotina rustica amarillas. La cosecha se recoge cuando las hojas comienzan a adquirir un tono azafranado. Las hojas se desecan hasta perder el 60% de su humedad y a través de un proceso de fermentación el tabaco termina adquiriendo su aroma característico.
Existen diversas variedades de Nicotinia obtenidas por hibridación (rustica, virginia, etc.).
A nivel comercial, el tabaco se vende liado en cigarrillos o en puros, aunque también se encuentra empaquetado para ser fumado en pipas o en cigarrillos hechos a mano con papel arroz.

 

 

 


Composición

La nicotina es el principio activo del tabaco. Fue aislada por Posset y Reiman en 1828.

Según su variedad, el tabaco contiene entre 0.5 y 16% de nicotina. El resto es el llamado alquitrán, una sustancia obscura y resinosa compuesta por varios agentes químicos, muchos de los cuales se generan como resultado de la combustión (cianuro de hidrógeno, monóxido de carbono, dióxido de carbono, óxido de nitrógeno, amoníaco, etc.)

 

Formas de adulteración

Como la industria del tabaco está sometida a regulaciones de calidad y este producto es relativamente barato, no suele adulterarse.

 

FARMACOLOGÍA

Mecanismo de acción y formas de empleo

El tabaco puede ser mascado, inhalado directamente por la nariz (pulverizado en forma de rapé) o fumado en pipas, cigarros o cigarrillos. Aspirando el humo, esto es "dándole el golpe", se puede absorber hasta el 90% de la nicotina, mientras que si éste permanece únicamente en la boca, la cifra se reduce al 20 o 35%. Aproximadamente 8 segundos después de haber entrado a los pulmones, la nicotina contenida en el tabaco alcanza el torrente sanguíneo y a más tardar en 5 minutos ha logrado traspasar la barrera hematoencefálica para llegar al cerebro. Sus efectos duran entre 5 y 10 minutos provocando fases de acción estimulante y acción depresora del sistema nervioso central. En primera instancia estimula algunos receptores sensitivos y produce una descarga de adrenalina que acelera la frecuencia cardíaca y eleva la presión arterial; posteriormente deprime todos los ganglios autónomos del sistema nervioso periférico.

Según las últimas investigaciones del Brookhaven national Laboratory de Nueva York, el efecto de la nicotina en el cerebro consiste en la reducción de la enzima MAO-B, responsable de regular la transmisión de la dopamina, neurotransmisor que controla entre otras alteraciones anímicas, la motivación y el placer. Por tanto, a menor cantidad de MAO-B (hasta un 40% menos en el cerebro de un adicto), mayor incremento de dopamina; aumento que, al intervenir en el tálamo, se convierte en la clave para sentir una ganar irreprimibles de volver a fumar otro cigarrillo.

Usos terapéuticos

Nicolás Monardes, en su descripción de Las plantas del Nuevo Mundo (1574), recomendaba el tabaco como cura infalible para 36 enfermedades diferentes. Hoy en día, se recomienda dentro de la medicina herbolaria contra la sarna, dolores reumáticos y ciertas afecciones nerviosas. El médico herbolario Arias Carbajal recomienda hervir 90 gramos de hojas de tabaco en medio litro de agua para destruir la sarna, los piojos, etc. También receta las hojas frescas aplicadas sobre la frente y las sienes para curar, o al menos calmar, las neuralgias.

Dosificación

El contenido promedio de alquitrán de un cigarro varía de 0.5 a 35 mg, y el de nicotina de 0.5 a 2 mg. La dosis letal de nicotina se calcula en 60 mg para un adulto de 70 kg. Un puro puede contener hasta 90 mg, aunque como ya mencionamos, la ingestión de nicotina en los casos en los que no se da el golpe se reduce a menos de la mitad.

Efectos psicológicos y fisiológicos

A nivel mental, la nicotina facilita la concentración, activa la memoria y, hasta cierto punto, controla el aumento de peso al aumentar el gasto de energía, disminuir los sentidos del olfato y el gusto, y mantener al fumador ocupado en el acto de fumar en vez de comer. Cada persona además tiene sus consideraciones particulares respecto a las cosas que el tabaco “hace por ella”. Algunos creen que los inspira, otros creen que los acompaña, etc. Según cuenta el cineasta Luis Buñuel en sus memorias, por ejemplo, para él era:

Imposible beber sin fumar. Yo empecé a fumar a los dieciséis años y aún no lo he dejado. Desde luego, pocas veces he fumado más de veinte cigarrillos al día. ¿Qué he fumado? De todo. Tabaco negro español. Hace unos veinte años me acostumbré a los cigarrillos franceses: los "Gitanes" y sobre todo, los "Celtiques" son los que más me gustan.

El tabaco, que casa admirablemente con el alcohol (si el alcohol es la reina, el tabaco es el rey), es un amable compañero con el que afrontar todos los acontecimientos de una vida. Es el amigo de los buenos y de los malos momentos.

 

Se enciende un cigarrillo para celebrar una alegría y para ahogar una pena. Estando solo o acompañado. El tabaco es un placer de todos los sentidos: de la vista (es bonito ver bajo el papel de plata los cigarrillos blancos, alineados como para revista), del olfato, del tacto... Si me vendaran los ojos y me pusieran entre los labios un cigarrillo encendido, me negaría a fumar. Me gusta sentir el paquete en el bolsillo, abrirlo, palpar la consistencia del cigarrillo, notar el roce del papel en los labios, gustar el sabor del tabaco en la lengua, ver brotar la llama, arrimarla, llenarme de calor. Un hombre llamado Dorronsoro, ingeniero español de origen vasco y republicano exiliado en México al que conocía desde la Universidad, murió de un cáncer de los llamados "de fumador". Fui a verle al hospital en México. Tenía tubos por todas partes y llevaba una mascarilla de oxígeno que él se quitaba de vez en cuando, para dar una chupada a un cigarrillo, a escondidas. Fumó hasta las últimas horas de su vida, fiel al placer que le estaba matando. Por tanto, respetables lectores, para terminar estas consideraciones sobre el alcohol y el tabaco, padres de firmes amistades y de fecundos ensueños, me permitiré darles un doble consejo: no beban ni fumen, es malo para la salud. Añadiré que el alcohol y el tabaco acompañan muy gratamente el acto de amor. Por lo general, el alcohol viene antes, y el tabaco después. (3)

A nivel físico, la nicotina aumenta la frecuencia cardiaca, el ritmo respiratorio, la presión arterial y el flujo coronario. Durante la combustión del tabaco, algunos de sus elementos se transforman en monóxido de carbono, emisión venenosa que contribuye al surgimiento de enfermedades cardiacas. Cuando el monóxido de carbono entra al torrente sanguíneo, tiende a reemplazar el oxígeno contenido en las células rojas de la sangre formando carboxihemoglobina. En los fumadores, hasta el 10% de la hemoglobina total puede ser carboxihemoglobina, lo cual equivale a decir que sus tejidos reciben 10% menos de oxígeno.

A largo plazo el tabaquismo tiene diversos efectos sobre el sistema broncopulmonar, cardiovascular y digestivo. Las úlceras gástricas y duodenales son doblemente más comunes entre los fumadores. Las heridas de la piel pueden tardar más en sanar debido a que la nicotina reduce los niveles de vitamina C en el organismo. Además, el humo del cigarrillo produce inflamación en la mucosa del aparato respiratorio y aumento de la producción de una enzima llamada elastasa, que degrada la elastina, material constitutivo del pulmón al que se debe su capacidad de expandirse y contraerse. El hábito de fumar provoca que el tejido pulmonar pierda sus propiedades elásticas, aparentemente de manera irreversible, con la consecuente disminución en la capacidad pulmonar para ingresar oxígeno a la sangre.

El alquitrán puede causar desórdenes bronquiales y contiene sustancias que se consideran cancerígenas, es por ello que al  tabaco se le atribuyen el 90% de los casos de cáncer pulmonar en el mundo y también se relaciona con la aparición de cáncer en la boca y en la garganta.

 

Reportes médicos calculan que en total ocasiona el 30% de todas las muertes producidas por el cáncer, el 30% de las enfermedades cardiovasculares, el 75% de las bronquitis crónicas y el 80% de los casos de enfisema; aunque de hecho, la Nueva Medicina ha comprobado ya que el cáncer tiene como origen un conflicto emocional que surge por sorpresa y es vivido en aislamiento, lo cual explicaría por qué no todos los fumadores sufren invariablemente de cáncer, a pesar de que tengan un buen caldo de cultivo para que se presente.

También se asegura que las mujeres fumadoras pueden ver reducida su fertilidad, sufrir desórdenes menstruales y, en caso de usar pastillas anticonceptivas, están 39 veces más propensas a sufrir infartos que las que no fuman.

Aunque no se esperan disturbios genéticos del uso del tabaco, éste puede aumentar el riesgo de partos prematuros y de bajo peso en los recién nacidos.

Potencial de tolerancia y dependencia

El consumo crónico de nicotina se acompaña de una leve tolerancia. A menos que exceda su dosis habitual, el fumador no experimenta los efectos de náusea y mareos que suelen reportar las personas que no están acostumbradas al tabaco.

La nicotina provoca una dependencia física bastante severa. El síndrome de abstinencia aparece dentro de las primeras 24 horas posteriores a la supresión y se manifiesta por: irritabilidad, inquietud, dolores de cabeza, disminución de la frecuencia cardiaca, aumento del apetito, disminución de la vigilia o insomnio y dificultades de concentración. En el caso de la nicotina, la dependencia psicológica juega también un papel preponderante, por lo que el síndrome de abstinencia puede durar varios días o varias semanas. La administración de nicotina en chicles o en parches puede aliviar parcialmente este síndrome.

 

¿QUÉ HACER EN CASO DE EMERGENCIA?

Las intoxicaciones por nicotina son muy raras, casi nunca se dan por mascar o fumar tabaco sino por la ingestión accidental de nicotina en forma pura o por el contacto directo a través de la piel. Las manifestaciones de intoxicación incluyen náuseas, diarrea, taquicardia, aumento drástico de la presión arterial y salivación. Con grandes dosis se presentan convulsiones, lentitud respiratoria, irregularidad cardiaca y coma, por lo que debe considerarse como urgencia médica.

  

HECHOS INTERESANTES

Régimen legal actual

El tabaco es un psicoactivo legal. Todas las personas adultas pueden comprar tabaco libremente, aunque las áreas para fumarlo son cada vez más restringidas. Los fabricantes sólo están obligados a informar a sus clientes sobre los riesgos para la salud.

 

Las funciones sagradas de los antiguos ritos del tabaco

El fuego era reconocido por los antiguos habitantes de América como un transmutador y liberador del poder de ciertas sustancias. Consideraban que hacía las cosas más activas que pasivas y liberaba la esencia de las substancias. Por eso es que quemaban y fumaban una gran variedad de sustancias. Tenían diferentes mezclas fumables dependiendo de las necesidades del ritual y de la estación. Muchas de las variedades utilizadas se han extinguido o sus propiedades han sido olvidadas.
El tabaco era utilizado por sus propiedades para parar el pensamiento, enfocarse y centrarse en uno mismo, lo cual era una preparación previa para poder escuchar a los espíritus guías, a los espíritus de la naturaleza y a los seres que habitan en otras dimensiones o planos de conciencia. El tabaco servía como preparación, pero no abría las capacidades para escuchar a estos guías. Para esto se añadían otros ingredientes.

 

El tabaco sólo constituía entre el 5 o máximo el 10% de la mezcla para fumar. Los antiguos habitantes creían que las plantas nativas de las distintas regiones estaban creadas por los espíritus de la naturaleza para satisfacer las necesidades específicas de las personas y animales nativos de cada área, por eso es que las diferentes tribus hacían uso de diferentes plantas, dependiendo de cuáles eran las que crecían en la localidad y del propósito de la ceremonia. Los chamanes eran quienes sabían cuáles usar en cada ocasión.

La salvia, de la cual hay por lo menos 20 distintas variedades, era considerada especialmente útil en los rituales de las mujeres. Otros ingredientes comunes eran lavanda, girasol, cortezas de distintos árboles y plantas secas y pulverizadas con propiedades psicoactivas.

Cada una de ellas era recogida con reverencia por los chamanes que sabían cuáles eran sus poderes, cuándo podían ser recolectadas y cómo secarlas al sol para que absorbiera sus propiedades energéticas. En los rituales de preparación, el tabaco y todas estas plantas eran alterados, purificados y elevados de vibración con la ayuda de las plegarias e invocaciones a los espíritus. Además, las piedras con las que tradicionalmente se manufacturaban las pipas eran en sí mismas transformadoras de la energía del tabaco y las demás plantas. Esto era parte del ritual y parte de lo que las hacía efectivas, ya que actuaban químicamente como liberadoras de las sustancias psicoactivas de ciertas plantas. Todo esto está consignado en el libro de Black Elk: The Sacred Pipe, the smoking rites of the Siux (17).

Otra parte importante de la sacralidad de fumar era que se realizaba en grupo, dentro de una ceremonia, para estrechar los lazos entre unos y otros. Esto se hacía para mezclar e integrar las energías al inhalar el mismo humo. Al término de una guerra tribal, pasar la pipa de la paz era una forma de cimentar la unión, de dejar ir las diferencias.

 

La hierba del diablo

Cuando el tabaco llega a Europa, muchos ven en él un pecado al relacionarlo con un pasaje bíblico en el que se dice que todo lo que sale de la boca del hombre le mancha. En 1603, Jacobo I de Inglaterra prohíbe el tabaco "cuyo humo negro y apestoso evoca el horror de un infierno lleno de pez y sin fondo". En Rusia, el zar Miguel Fedorovich hace cortar la nariz de los tomadores de petún (antigua forma de nombrar al tabaco rapé). La Iglesia actúa también y en 1621, Urbano VIII excomulga a los fumadores culpables de usar «una sustancia tan degradante para el alma como para el cuerpo». Todas esas consideraciones pueden parecer risibles, pero expresan la importancia simbólica de la acción de fumar.

Con todo y excomunión el acto de fumar, tal como el acto de la fornicación, resulta una actividad común durante aquellas épocas. Hizo falta que un jerarca cayera en tentación para erradicar el estigma demoniaco que durante más de un siglo pendió sobre el tabaco. En 1732 el Papa Benedicto XIII, un fumador empedernido, revocó los edictos que prohibían su uso. Obviamente esa normatividad sólo aplicó en tierras cristianas, por lo que a principios del siglo XVII, mientras Europa central comenzaba a explorar los efectos terapéuticos que se atribuían al tabaco, Rusia, Turquía y China aún castigaban a los fumadores con pena de muerte.

El consumo del tabaco fue aumentando paulatinamente en Europa, aunque (dato curioso:) durante todo el siglo XVIII, el tabaco no se fumaba sino que se inhalaba por la nariz pulverizado, particularmente entre las clases altas. Fue la época dorada del llamado rapé. En Inglaterra, la reina Carlota era conocida por su adicción al rapé, y en Francia, Napoleón consumía casi cuatro kilos de rapé al mes...

 

El tabaco de Virginia y los fallidos intentos por prohibirlo

Los españoles mantuvieron el monopolio del tabaco durante más de 100 años puesto que la planta provenía exclusivamente de sus colonias. Las pipas que se usaban en esos tiempos tenían cazoletas pequeñas destinadas a economizar las hojas de tabaco que literalmente valían su peso en oro. La codicia propició que en 1610 los ingleses enviaran a John Rolfe a colonizar la región ahora conocida como Virginia, en los Estados Unidos. Rolfe sembró algunas semillas que pronto fructificaron y fue así como el tabaco pasó ser la mina de la cual se extraería la riqueza de la colonia. Pronto se sumaron al cultivo los territorios de Maryland y Carolina, de tal manera que para 1619 en Londres se vendía tanto tabaco de Virginia como de las colonias españolas.

En los Estados Unidos el uso del cigarrillo empezó a ser significativo hasta 1883, año en que se introdujo al mercado la máquina para fabricarlos. Antes de esta fecha el tabaco se mascaba (de hecho, hasta 1945, era obligatorio poner escupideras en todos los edificios públicos de ese país). El nuevo hábito de sacar humo por la boca atrajo la atención de los grupos conservadores y a partir de 1890 parte de la Women's Christian Temperance Union enfiló sus baterías hacia el tabaco organizando una campaña contra su uso. Los antitabaquistas obtuvieron algunas victorias legislativas. Entre 1895 y 1921 catorce estados prohibieron la venta de cigarrillos. El entusiasmo fue tal que en 1920 la ligereza del movimiento anunció su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos basada en la que bien podría ser considerada como una plataforma electoral antinicotínica: "La decadencia de España comenzó cuando los españoles adoptaron los cigarrillos y si este pernicioso hábito se propaga entre los adultos americanos, la ruina de la República está al alcance de la mano." No obstante, tal como lo admite un estudio sobre la Historia de la Regulación del Tabaco sufragado por el propio gobierno norteamericano el intento de prohibición fracasó debido a la omnipresencia de la industria del tabaco, la necesidad de nuevas fuentes estatales de ingreso y la prevalescencia y popularidad del fumar cigarrillos combinados con la frustrada campaña anti-tabaco. Para 1927, los catorce estados que prohibieron el tabaco cambiaron sus reglamentos por substanciales alzas en las tarifas de impuestos sobre su venta.

Para justificar este proceder, el Congreso aprobó medidas reglamentarias para regular la cantidad de nicotina y alquitrán que deberían contener los cigarros y estableció una edad mínima como requisito para adquirirlos (entre 15 y 21 años, dependiendo de las legislaciones estatales). En 1962 el ministerio de Agricultura americano se lanzó a fomentar el consumo del tabaco en el extranjero, subvencionando generosamente a los estudios de Hollywood para que los guionistas inserten escenas capaces de estimular la costumbre. Tres años después, cientos de toneladas de tabaco excedentes de cosechas pasadas se incluyeron como aportación americana en el programa internacional "Comida para la Paz".

No fue sino hasta 1964 cuando las compañías tabacaleras se vieron obligadas a incluir leyendas en los paquetes de cigarrillos para advertir a los consumidores sobre los riesgos para la salud en términos generales. Cosa que no rindió los resultados esperados por los prohibicionistas en vista de que un estudio posterior de la Federal Trade Comission tuvo que reportar al Congreso: «Virtualmente no hay evidencia alguna de que la regulación sobre advertencias en los paquetes de cigarrillos haya tenido algún efecto significativo.» Para corregir esto, la Comisión propuso que la reglamentación sobre los paquetes de cigarrillos incluyera información sobre las cantidades de alquitrán y nicotina y leyendas más específicas como: «Precaución: fumar cigarrillos es peligroso para la salud. Puede causar la muerte por cáncer y otras enfermedades»; cosa que por supuesto tampoco ha contribuido a disminuir el consumo. Actualmente en los Estados Unidos se estima que los fumadores de tabaco mayores de 17 años ascienden a 45.9% de la población masculina y 30.5% de las población femenina.

 

Las decisiones racionales en cuestión de drogas no necesariamente obedecen al enunciado lógico: X es malo para la salud, entonces, no consumo X

Aunque durante los últimos años de la década de los noventa se han aprobado leyes que restringen el consumo de cigarrillos en espacios públicos, y aunque el presidente Bill Clinton haya declarado a la nicotina como un agente altamente adictivo (como parte de su campaña por la reelección, claro está), en el Congreso estadounidense los estados tabacaleros siempre han estado bien representados. Los prohibicionistas no entienden cómo es que los millones de consumidores no se amedrentan cuando leen en las cajetillas de su marca favorita leyendas como: «Este producto puede provocar cáncer» o «Fumar durante el embarazo aumenta el riesgo de parto prematuro y bajo peso en el recién nacido». Compartiendo la incredulidad de muchas personas, una periodista cuestionó a Mitchell Feigenbaum (fuerte candidato al Premio Nóbel de Física por sus teorías sobre el caos) acerca de su afición por los cigarrillos. Esta fue la respuesta del científico:

El tabaco es malo para la salud, sin duda, pero me facilita la concentración. Es un precio que he pagado y he conseguido algo a cambio... Yo empecé a fumar hasta más o menos los 23 años. Antes de empezar, cada cuatro horas de trabajo tenía que salir a pasear. Una vez que comencé a fumar, podía estar sentado y concentrado durante dos o tres días a la vez, sin dormir. (13)

Esto demuestra hasta qué punto las decisiones racionales en cuestión de drogas no necesariamente obedecen al enunciado lógico: X es malo para la salud, entonces, no consumo X; sino que pueden responder a secuencias lógicas más elaboradas en donde se ponderan costos y beneficios en función de las expectativas personales de cada consumidor.

 

La vacuna antitabaco

Se calcula que en el mundo existen 1,100 millones de personas adictas al tabaco. La nicotina está considerada como la segunda droga más adictiva que existe, sólo superada por el crack (derivado de la cocaína). La lucha contra el hábito de fumar es uno de los principales retos para los organismos que trabajan en la defensa de la salud pública. Al mismo tiempo que las campañas antitabaco y las medidas cada vez más estrictas que los gobiernos adoptan para frenar el daño a los llamados fumadores pasivos (los que aspiran el humo de los tabacos que otros fuman), los científicos parecen haber encontrado un tratamiento nuevo: una vacuna llamada Nicvax, que se encuentra en fase experimental y que tiene como principal efecto impedir la llegada de la nicotina a los centros del cerebro donde esta sustancia produce sensaciones placenteras.
En la Fundación para la Investigación Médica de Minneapolis, han experimentado esta vacuna con ratones:

Los colaboradores del doctor Paul Pentel se encargan de que los roedores se conviertan en ávidos adictos. Diariamente les administran una cantidad de nicotina equivalente a la que contienen 10 cigarrillos. Al cabo de una semana, los ratones muestran claros síntomas de adicción. Entonces se dividen en dos grupos: el A recibe una dosis de Nicvax, que no se administra al grupo B. A continuación se vuelve a inyectar la nicotina, y poco a poco van disminuyendo las dosis. En el grupo A, la desaparición progresiva de la droga no provoca los síntomas característicos de un síndrome de abstinencia, porque la nicotina no activa los mecanismos cerebrales que generan la sensación de placer. En el grupo B se extiende el nerviosismo, los ratones se vuelven hiperactivos y demandan la sustancia que se les ha retirado. La última fase del proceso de ensayo consiste en analizar los cerebros de los ratones de ambos grupos. En el cerebro de los ratones que recibieron una dosis de la vacuna se encuentra un 65% menos de nicotina que en el de aquellos que no fueron inoculados con Nivax. (16)

La vacuna logra estos efectos en los ratones debido a que las partículas de nicotina que llegan a la sangre a través de los pulmones son muy pequeñas y tienen una enorme movilidad, eso les permite infiltrarse en cualquier rincón del cuerpo humano evadiendo el sistema inmunitario. Los doctores Naso, Enifar y Fattom que han patentado ya la vacuna, consiguieron que el sistema inmunitario creara agentes que reaccionaran ante la nicotina, anticuerpos que capturasen sus partículas y les dieran un tamaño que impidiese su acceso a cerebro. El doctor Naso explica: "En el laboratorio creamos un compuesto mediante la combinación de una proteína no tóxica con varias partículas de nicotina. Cuando este nuevo compuesto llega a la sangre, el sistema inmunitario lo detecta como cuerpo extraño y crea anticuerpos para neutralizarlo. Después, ante la llegada de partículas simples de nicotina, las defensas reaccionan y las capturan". (16)

Las partículas de nicotina unidas a los anticuerpos alcanzan un tamaño que impide su infiltración en el cerebro. Como resultado, la llegada de la nicotina a la sangre no genera en el consumidor de tabaco el placer esperado. Se trata de una vacuna activa porque los anticuerpos los produce el propio organismo a través del sistema inmunitario.

Está previsto que a principios del año 2002 la Agencia de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos autorice su ensayo en humanos, y de ser aprobada, se convierta en el negocio del siglo. Aunque quizá también en la controversia del siglo pues la vacuna también tiene carácter preventivo y podría aplicarse por ejemplo a un joven que de esta manera, al fumar un cigarrillo en una fiesta, no se convertiría en un adicto.

 

Los efectos del tabaco en el campo energético humano y el sistema de chakras

Donna Cunningham tenía varios años trabajando como terapeuta especializada adicciones cuando entró en contacto con Andrew Ramer, un sanador y canalizador con quien colaboró para escribir dos libros: The spiritual dimensions of healing addictions (11) y Further dimensions of healing addictions (12).
En el primer libro sostienen que por lo general, los seres humanos caemos en la adicción cuando perdemos de vista o no queremos realizar nuestra "visión", o sea: "nuestra habilidad de percibir y participar en la realidad más amplia, reteniendo un recuerdo, aunque sea débil, de nuestro Ser Superior y de las tareas y propósitos de nuestra vida" (11).

En el segundo libro explican con claridad cómo se utilizaban antiguamente los distintos psicoactivos, a los que ellos llaman "herramientas de poder", para recuperar y apoyar nuestra visión; y cómo es que, al perder ese conocimiento, actualmente abusamos de estas mismas herramientas y nos destruimos con ellas en lugar de utilizarlas en nuestro beneficio.
En Further dimensions of healing addictions, entre otras muchas cosas interesantes, nos explican cuáles son los efectos que tienen las principales sustancias adictivas sobre el campo energético humano, concretamente sobre el sistema de 
chakras.

En el caso del tabaco, Danna y Andrew comienzan comentando que:

Cuando los nativos americanos introdujeron el tabaco a los inmigrantes europeos, deliberadamente dejaron fuera la salvia y otros ingredientes cruciales para alterar la conciencia. Por una parte, lo hicieron debido al principio espiritual de no dar a conocer sustancias alteradoras de la conciencia a los no despiertos espiritualmente. Los nativos americanos vieron rápidamente que, aunque los europeos habían superado la pobreza y eran técnicamente adultos, sufrían de un curioso y más bien trágico retardo espiritual. Los europeos no tenían visiones, no se podían comunicar con los espíritus de sus ancestros, y no sentían la divinidad de los cuatro elementos. No sólo carecían de estas habilidades perceptivas, de las cuales ocasionalmente algunos nativos americanos carecían, sino que además ridiculizaban arrogantemente a quienes podían percibir tales cosas. Claramente los europeos no estaban listos para los rituales en los que se fumaban estas plantas [...]

Una razón adicional de por qué los nativos americanos dieron a los europeos el tabaco sin las otras plantas era una especie de estrategia bioquímica de guerra, esperando debilitar a estos poderosos enemigos borrando partes de sus conciencias, para que no pudieran abrir la puerta a otras dimensiones a fin de conseguir claridad para resolver problemas. Muchos han señalado cómo los europeos indujeron a los nativos americanos a volverse adictos al alcohol, pero pocos han remarcado la forma más sutil pero más poderosa en que los nativos americanos hicieron adictos a sus captores. La adicción y la esclavitud son eventos gemelos en la historia, y difícilmente se encuentra uno sin el otro. El intercambio de vicios entre opresores y oprimidos es una constante. (19)

En relación con sus efectos sobre los cuerpos sutiles, Danna y Andrew aseguran que produce efectos en varios chakras a la vez conectándolos entre sí en diferentes momentos y de una forma incontrolada:

La naturaleza del humo es moverse libremente, construyendo puentes entre diferentes puntos en la estructura de la realidad. En el cuerpo, el tabaco crea puentes entre diferentes chakras, puentes que cambian y se mueven a diferentes tiempos. El chakra raíz está involucrado. Nota como puedes encender un cigarro en cualquier momento y en cualquier lugar, y sentirte como en casa contigo mismo por un momento.

El plexo solar también está involucrado. Piensen en todas esas salas de conferencia llenas de humo, con la gente usando la energía de su plexo solar para el proceso de trabajo. Obviamente el chakra de la garganta está involucrado, ya que la garganta es la entrada al cuerpo de esta sustancia, así es que hay un intento de abrirse a la comunicación. El tercer ojo es parte del puenteo, ya que los flashes intuitivos emergen desde la nube de humo del inconsciente. Aquellos que inhalan el humo de segunda mano, como los hijos de los fumadores fuertes, también experimentan estos cambios de consciencia rutinariamente, creciendo sin la clara noción de que estos cambios no son la manera usual de funcionar.

El tabaco permite que las energías de todos los chakras se interconecten. El de la raíz con el del entrecejo, el de la garganta con el de la raíz, el plexo solar con la raíz, constantemente turnándose y cambiando. [...] Todos tenemos una memoria racial de lo que significaba fumar en la antigüedad, sin embargo, por mucho que fumemos ahora el tabaco solo, el resultado esperado seguirá faltando. La frustración de no alcanzar el cambio de estado de conciencia deseado, envenena el sistema. (19)

Además de esta memoria racial que nos impulsa a fumar esperando conseguir lo que antiguamente nos ofrecía el tabaco mezclado con otras plantas psicoactivas dentro del contexto ritual adecuado, según los autores hay otra causa que nos conduce al abuso del tabaco:

Los adictos al cigarro no saben cómo soñar; con esto queremos decir que la facultad de lograr que sus sueños trabajen para sí mismo ha sido perdida, olvidada o dañada. [...] Nosotros lidiamos con nuestros problemas del día a día a través del trabajo que realizamos en los sueños. Cualquiera que fume está teniendo problemas en el mundo del sueño. Inicialmente, fumar aumenta las percepciones diurnas lo que puede estimular el catálogo de imágenes en el mundo de los sueños. Pero si seguimos fumando, tal como el tabaco disminuye el sentido del gusto, también disminuye todos los sentidos. Uno sigue fumando más y más, pero lo que hay que hacer es trabajar con nuestros sueños(19)

Para abandonar una adicción los autores recomiendan que a la par de asistir a terapias psicológicas ya sean personales o grupales y de someterse a un tratamiento de desintoxicación física bajo supervisión médica, en caso de que esto sea necesario, también es aconsejable practicar técnicas alternativas para revertir los daños causados por el abuso de las distintas sustancias en el campo energético humano. Para ello nos ofrecen en su segundo libro una excelente serie de ejercicios de visualización, así como remedios de aromaterapia y gemoterapia específicos para cada reparar los daños provocados por cada una de las diferentes sustancias. Adicionalmente, se incluyen ciertos diagramas canalizados por Andrew para reprogramar las biocomputadoras que son nuestros cerebros.

Según afirman: "Los hábitos, como las adicciones están impresos dentro de nuestros circuitos cerebrales de la misma manera en que los circuitos de una computadora son programados. Para interrumpir un hábito, necesitas borrar y reprogramar el circuito" (12), y para eso sirven los diferentes diagramas canalizados para cada tipo de droga.

 

Estos diagramas deben mirarse de arriba a abajo o dibujarse 25 veces consecutivas en tres sesiones por día. Además se recomienda mirarlos cuando se sientan deseos de caer en la tentación de usar nuevamente la droga en cuestión. (Ver más al respecto en adicciones

 

 

UNA EXPERIENCIA PERSONAL

Fumé alrededor de siete años, por lo que puedo hablar con experiencia sobre el tema del tabaco y su potencial de dependencia. Comencé con algunos cigarrillos en reuniones sociales y terminé fumando un poco más de una cajetilla diaria de Benson & Hedges mentolados. Me gustaba mucho fumar y de hecho no habría dejado de hacerlo voluntariamente, a  no ser porque tuve una motivación muy poderosa para hacerlo.

Recuerdo que mi amiga Frida, preocupadas por su salud, me decía que ella quería dejar de fumar y me pedía que lo dejáramos juntas para no provocarnos tentaciones mutuamente, a lo cual yo me negué varias veces porque consideraba que si de algo me iba a morir, pues lo mismo daba que fuese de cáncer o de otra cosa. Por aquella época estaba estudiando en la escuela de la Sociedad General de Escritores de México y simplemente me parecía imposible escribir sin fumar. En ese entonces yo quería ser escritora, así es que el tabaco era una herramienta indispensable para mí.

Verdaderamente no concebía ya mi vida sin el tabaco y en los últimos tiempos me ponía muy nerviosa si no tenía un paquete nuevo de reserva antes de que se me acabara el que estaba fumando. Mi dependencia era total, aunque lo único que verdaderamente me molestaba era que mi cabello y mi ropa oliesen permanentemente a tabaco y que subieran los precios de la cajetilla.

Por distintas circunstancias (que explico con más detalle en el relato de mi sexta experiencia con ayahuasca), se me presentó una oportunidad excepcional para ir a vivir y trabajar en el Centro de Alta Conciencia Tepozcahuic (CACT), en Tepoztlán, Morelos, México, al lado de un grupo de personas a las que yo admiraba más que a nadie en la vida en esos momentos. Era un lugar dedicado a la práctica y difusión de doctrinas espirituales y terapias naturales, por lo que dentro de sus reglamentos internos estaba prohibido consumir, además de cualquier tipo de droga legal o ilegal, azúcar y productos industrializados. El menú diario constaba de frutas, verduras, cereales, algunos productos hechos con harinas integrales, miel y complementos alimenticios de origen natural.

En aquellos momentos en los que tuve que tomar la decisión de ir a vivir allá acatando las reglas del CACT o no, además de tabaco, fumaba marihuana con cierta frecuencia y experimentaba ocasionalmente con distintos tipos de psicoactivos. No obstante, lo único que verdaderamente me parecía un obstáculo era dejar el tabaco. Lo demás me daba igual porque hasta esos momentos nunca tuve una adicción que no fuera el tabaco y las vivencias que podría tener allí me parecían mucho más interesantes que las drogas que había probado hasta entonces, por lo que la única verdadera renuncia era dejar el tabaco.

Un día, al terminar una meditación en donde hubo una canalización que me dejó profundamente impresionada, salí a buscar un lugar donde fumar fuera de las instalaciones del CACT. Subí a un pequeño monte, me senté en una gran piedra, saqué mis B&H y me puse a fumar. Después de unos minutos me acosté en la superficie de la piedra para asolearme a gusto y seguir fumando porque me encontraba ansiosa. A cambio de La Gran Aventura de mi vida, precisamente se me estaba pidiendo lo más difícil que podría hacer en la vida en esos momentos: dejar de fumar.

Entonces, pensé que si podía dejar de fumar en esos precisos momentos, en realidad podría hacer cualquier cosa en la vida; pero luego pensé en el montón de cosas que no podría hacer sin el tabaco, como terminar de escribir un libro que tenía pendiente y me interesaba mucho concluir antes de abandonar la Ciudad de México e irme a vivir a Tepoztlán.

Estuve un rato envuelta en el dilema de dejar de fumar ya, en ese mismo instante o posponer la idea hasta que terminara el libro. No obstante, en algún punto imaginé y sentí por unos momentos la fortaleza incomparable que experimentaría si al bajar de esa piedra dejara de depender del tabaco y pudiera entrar al CACT a cumplir mis sueños y me pareció fantástico poder poseer esa fuerza. Pensé que si en verdad pudiera reunir la fuerza de voluntad suficiente para hacer lo que en aquellos momentos me parecía más difícil de hacer en la vida, ¡¡¡entonces cualquier otra cosa en la vida me resultaría más fácil!!!

Y lo hice. Sin pensarlo más, decidí dejar de fumar allí mismo, radicalmente y sin transiciones. Entonces se me ocurrió hacer un pequeño ritual de despedida del tabaco para hacerlo “oficial”. Saqué los cigarrillos que quedaban en el paquete y uno a uno fui deshaciéndolos para regresar el tabaco a la tierra mientras me despedía de él y le daba las gracias por todos los momentos en que estuvo conmigo y por haber estimulado mis niveles de adrenalina cuando lo necesitaba... Luego me entró mucha nostalgia anticipada y decidí fumar el último cigarrillo que me quedaba por deshacer para disfrutarlo por última vez. Lo encendí, aspiré el humo y lo exhalé un par de veces con la plena conciencia de que sería el último y pensé que en realidad era un hábito bastante estúpido eso de andar metiendo y sacando humo por la boca, y justo en esos momentos, ¡el cigarro se me cayó de la mano!

Pensé que el tabaco también se estaba despidiendo de mí y había elegido esa manera para expresarme que él también me dejaba libre y lloré de gratitud, tristeza y felicidad. Enterré el encendedor debajo de la piedra y bajé del cerro sintiendo un vacío en el estómago, como si hubiese terminado la relación amorosa más importante de mi vida, pero con una fuerza y una confianza increíbles en mí misma y en mi fortaleza.

Los días siguientes me la pasé un poco mal, especialmente porque no pude escribir. Me sentaba frente al teclado, escribía tres líneas, pensaba en encender el primer cigarro de la noche, como hacía diariamente, me frustraba por no poder hacerlo, apagaba la computadora y me iba a hacer cualquier otra cosa que no tuviese tan asociada con el acto de fumar. Esta técnica me ayudó mucho. Durante los primeros días me la pasé haciendo cosas que normalmente hacía sin fumar, como ir al cine, estar con mis papás, ir con mi amigo Jean-Pierre que nunca me dejaba fumar en su presencia porque le daba asma, y cosas así. A partir de la tercera semana intenté escribir de nuevo y aunque aguantaba poco, paulatinamente fui reacostumbrarme a hacerlo sin fumar y cuando finalmente fui a vivir a Tepoztlán poco después, ya había abandonado el hábito y terminé de extrañarlo por completo al estar envuelta en actividades y rutinas totalmente diferentes.

He comprobado que la clave de la habituación y la deshabituación está en las asociaciones que hacemos entre ciertas actividades y el acto de fumar o su ausencia y sobre todo en el poder que le damos a las drogas. Mi papá fumaba cuando yo era niña y un día el cardiólogo le dijo que lo dejara, y él lo hizo así sin más, de la noche a la mañana y para siempre, así es que gracias a él y a Dios, yo tenía el antecedente de que esto era posible y de que las personas tenemos poder sobre las drogas y no al revés.

Todo es cuestión de cambiar de hábitos, al menos eso es lo que pude comprobar a través del reto de una amiga Penélope. Un día estaba con ella y con otra amiga, Frida. Ésta última y yo, al haber dejado de fumar, queríamos que Penélope también dejara de hacerlo y le ofrecimos toda una serie de argumentos para convencerla. Frida hablaba de la salud, que era lo que siempre le había preocupado a ella; y yo hablaba de la libertad que era lo que me preocupaba a mí. En algún punto de la conversación, Penélope nos dijo que nosotras tampoco éramos libres porque estábamos esclavizadas a nuestro miedo al tabaco y a nuestro temor de volver a fumar. Como nosotras negamos esa afirmación y la rechazamos vehementemente por considerarla absurda, ella nos retó a fumar allí mismo uno de sus cigarrillos para demostrar que no teníamos temor y no éramos esclavas de nuestras aversiones; cosa que por supuesto rechazamos con firmeza.

No obstante, días después aún seguía pensando en aquella afirmación de Penélope y llegué a concluir que algo había de razón en ella porque me parecía que si volvía a fumar, podía ser que me resultara repulsivo y ya no volviera a hacerlo nunca más y ya; pero también cabía la posibilidad de que aún me gustara tanto como me gustaba antes, y  quizá volvería a engancharme en el hábito y volvería a fumar ya que no tenía ninguna presión para no volver a hacerlo...

Poco tiempo después viajé por primera vez a Europa y pasé a Londres a visitar a Carla, otra amiga que vive allá. Hacía muchos años que no nos veíamos. En la prepa siempre solíamos fumar juntas cigarros mentolados, cuando nos reuníamos a platicar  y comentar todos los chismes de nuestras respectivas parejas. Ella estaba igual que la última vez que nos vimos y seguía fumando. Era tanta la emoción de vernos y estar juntas después de tantos años que, estando instaladas en un pub, ella se puso a fumar y yo la imité sin pensarlo. Fue una reacción totalmente automática, mientras hablábamos, inconscientemente tomé un cigarro, lo encendí y me di cuenta de lo que estaba haciendo hasta que exhalé el humo con un poco de desagrado después de tanto tiempo. Mi primera reacción fue asustarme por lo que había hecho. Pero luego recordé el reto de mi amiga Penélope y seguí fumando, pues se había presentado espontáneamente la oportunidad de afrontarlo.

Así pues, fumando espontáneamente con mi amiga Carla en Londres aquella noche, me llegó el momento de explorar qué pasaría. Terminé de fumar el primer cigarrillo y concluí que me había gustado, aunque no tanto como antes. Mi amiga Carla seguía fumando como de costumbre y sin pensarlo mucho yo también seguí fumando y disfrutando con ella toda la noche, mientras nos poníamos al corriente respecto a lo que cada una había hecho durante los años que no nos habíamos visto. En cierto sentido fue como regresar al pasado, cuando era normal estar con Carla y charlar y fumar. Así es que sin angustiarme mucho, decidí ver qué pasaría después.

Y lo que ocurrió fue que luego de despedirme de Carla, continué con mi ajetreado mi viaje ¡¡¡y no me acordé de volver a fumar o de no volver a fumar sino hasta días después que reparé en ello!!! Mi nuevo hábito era no fumar y continué sin fumar de una manera natural después de este breve paréntesis que me sirvió para comprobar que en realidad los vicios son hábitos arraigados que pueden ser substituidos siempre que decidamos recuperar nuestro poder de manos de una droga que no lo tiene per se.

Ahora sé que salir de una dependencia es recuperar algo de mi poder, un poder que momentáneamente le di a una sustancia  y que con facilidad y sin temor alguno puedo quitarle de nuevo, pues tengo el poder de elegir los hábitos que deseo tener y con un poco de esfuerzo, puedo cambiar esos hábitos por otros y no pasa nada, no hay nada qué temer porque en todo momento y circunstancia soy yo quien tiene el poder de darlo, de recuperarlo y de conservarlo, por supuesto.

 

FUENTES DE CONSULTA ACERCA DEL ALCOHOL Y EL TABACO

1. Brailowsky, Simón: Las sustancias de los sueños: Neuropsicofarmacología. FCE-CONACYT, México, 1995.
2. Brau, Jean-Loius: Historia de las drogas, Bruguera, España, 1973.
3. Buñuel, Luis: Mi último suspiro (memorias), Plaza & Janes, México, 1982.
4. Capdevila, C.: Humo, placer y lágrimas, Sudamericana, Argentina, 1971.
5. "El alcohol: La droga más antigua", en Drogas, Colección Científica Time-Life, México, 1972.
6. Facts about: Alcohol Alcoholism and Research Foundation, Toronto Canada (Internet).
7. Facts about: Tobacco Alcoholism and Research Foundation, Toronto Canada (Internet).
8. Fármacos de abuso: información farmacológica y manejo de intoxicaciones, CEMEF, México, s/f
9. Goodman, Alfred et all: Goodman y Gilman. Las bases farmacológicas de la terapéutica, 8va. Edición, Panamericana, Argentina, 1991.
10. History of Alcohol Regulation, National Commission on Marihuana and Drug Abuse. (Internet).
11. History of Tobacco Regulation, National Commission on Marihuana and Drug Abuse. (Internet).
12. Kalina, Eduardo: Temas de drogadicción, Nueva visión, Argentina, 1987.
13. Krupp, Marcus et all.: Diagnóstico clínico y tratamiento, 23a. edición, Manual Moderno, México, 1988.
14. Musacchio, Humberto: Diccionario Enciclopédico de México, Tomo I, Andrés León Editor, México, 1990.
15. "También el caos tiene sus normas. Entrevista con Mitchell Feigenbaum", Muy Interesante, Año XIII, no. 9, México, 1998.
16. "Ya está aquí la vacuna antivicio", Quo, España, 2001.
17. Black Elk: The Sacred Pipe, the smoking rites of the Siux, Penguin Metaphysical Library, NY, USA, 1971.
18. Cunningham, Danna y Andrew Ramer: The Spiritual dimensions of healing addictions, Cassandra Press, CA, USA, 1986.
19. Cunningham, Danna y Andrew Ramer: Further dimensions of healing addictions, Cassandra Press, CA, USA, 1988


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