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Morfina

DATOS GENERALES

Origen

En 1806 Frederick Sertürner redujo el opio a una solución en ácido mecónico que neutralizó con amoniaco.

Etimología

Sertürner llamó al alcaloide que obtuvo principium somniferum opii -por sus virtudes narcóticas- y posteriormente morphium en honor del mítico Morfeo, dios del sueño.

QUÍMICA
Identificación

Los proceso para su extracción no han variado substancialmente en la actualidad: después de secar el opio bruto y reducirlo a polvo, éste se consuma en cloroformo, posteriormente se diluye el residuo en agua o alcohol, se precipita por amoniaco y la morfina queda liberada en forma de polvo cristalino.

 

En México la etilmorfina se ha vendido en pastillas y ampolletas bajo los nombres comerciales de Tussionex® de Strasenbourg y Sedalmerck® de la compañía Merck.

Composición

Durante el primer tratamiento, el opio se transforma en una "base técnica", de color moreno, conteniendo más o menos 60% de morfina. La segunda operación eleva el porcentaje a 93 o 94% y permite obtener la "morfina base" de color blanco.
Posteriormente puede realizarse una clorhidratación que aumenta el peso entre un 10 y un 15%, dando por resultado el clorhidrato de morfina, que es un polvo blanco muy fino, inodoro, de sabor amargo y soluble en 100 partes de agua fría o 40 partes de alcohol.

 

Formas de adulteración

Adquirida a través de los canales legales la morfina se encuentra libre de adulteración. No así en el mercado negro donde puede encontrarse cortada con lactosa, dextrosa, quinina, y otras drogas depresoras como barbitúricos y sedantes; o contaminada con bacterias, virus, hongos o partículas.

 

FARMACOLOGÍA

Mecanismo de acción y formas de empleo

La morfina se aplica en inyecciones subcutáneas o intravenosas. Sus efectos se presentan entre los 3 y los 5 minutos después de su aplicación y duran de 4 a 5 horas. Al llegar al cerebro esta droga ocupa los receptores opioides, básicamente los receptores mu que al parecer funcionan de manera específica en el área de la analgesia. En fecha reciente se han presentado pruebas de la existencia de dos subtipos de mu-receptores, uno exclusivamente responsable por la analgesia y el otro por la inhibición de la respiración, causa principal de muerte por sobredosis de morfina y heroína (17).

Usos terapéuticos

En 1818 la morfina ingresó a la materia médica considerándose como "el más notable medicamento descubierto por el hombre, de utilización más segura que el opio y con una virtud analgésica bastante superior". (12) Esta analgesia tiene la particularidad de manifestarse sin pérdida de la conciencia y sin afectar otras modalidades sensoriales.

Dentro de la medicina occidental contemporánea, el sulfato de morfina es el fármaco más eficaz para contrarrestar el dolor grave provocado por prácticamente cualquier tipo de enfermedad o accidente. Se utiliza para reducir el dolor quirúrgico; también para tratar el infarto agudo al miocardio y el edema pulmonar.

Dosificación

Su dosis de empleo terapéutico oscila entre los 8 y los 15 mg. En caso de infarto o edema pulmonar se administran de 2 a 6 mg lentamente por vía intravenosa en 5 ml de solución salina. Para empleos lúdicos suelen utilizarse dosis similares o mayores a las terapéuticas recomendadas para el dolor grave: entre 15 y 20 mg. La dosis letal para un consumidor sin tolerancia se calcula alrededor de los 2 g.

Efectos psicológicos y fisiológicos

Según Brau (4), la primera inyección da náuseas y vértigo; pero la costumbre se adquiere pronto.

Para Antonio Escohotado:

La euforia morfínica representa ante todo ausencia de dolor... Con fines recreativos o de introspección resulta menos sugestiva que el opio, porque la sensación corporal de calor homogéneo se extiende como una bruma demasiado densa para la reflexión o la comunicación, contagiando todo de una densidad difusa. En cambio, el efecto inicial de una inyección intravenosa (llamado a veces "flash") posee una intensidad casi dolorosa, con elementos de estupor y gran acaloramiento en el rostro... pronto llega un estado de sopor cada vez más profundo, donde el postrado sujeto apenas conserva rastro de sentido crítico. (8)

 

En dosis terapéuticas, la morfina produce depresión respiratoria importante, aumenta la presión intracraneal y puede provocar vómito; genera además, contracción de las pupilas (miosis), estreñimiento, insensibilidad al dolor e incoordinación muscularSu empleo prolongado puede ocasionar somnolencia, apatía disminución de la presión arterial, retención urinaria y disminución de la capacidad sexual.

No se han detectado alteraciones genéticas debidas al uso de morfina; sin embargo, su empleo durante el embarazo es peligroso por la depresión respiratoria y porque el fármaco puede llegar al feto produciendo efectos más prolongados que en la madre.

Potencial de dependencia

La morfina produce altos índices de tolerancia y dependencia física (ir al apartado de ¿Qué es una droga psicoactiva? para consultar información detallada al respecto de los receptores cerebrales de los opiáceos y la forma en que ocasionan la dependencia física)Un consumidor habituado por más de cinco años puede consumir al día cantidades mortales para ocho o diez personas. El síndrome de abstinencia puede surgir con cinco semanas de usar diariamente más de 500 mg. Sus síntomas se presentan entre las 48 y las 72 horas posteriores al retiro y se experimentan alrededor de una semana. No obstante, según se afirma en diversos manuales de tratamiento clínico, la abstinencia de la morfina o cualquier opiáceo sólo produce una morbilidad moderada (más o menos de la misma gravedad de un ataque de resfriado). "Los toxicómanos a veces se consideran más dependientes de lo que en realidad son y pueden no requerir un programa de abstinencia." (16)

Los grados de abstinencia se clasifican de 0 a 4. El grado 0 incluye el deseo por la droga y ansiedad; el grado 1, bostezo, lagrimeo, rinorrea y sudación; el grado 2, los síntomas previos más midriasis, anorexia, temblores y accesos de calor y rubor con dolor generalizado; los grados 3 y 4, una mayor intensidad de los síntomas y signos previos, con hipertemia, hipertensión arterial, aumento del pulso y taquipnea así como una respiración más profunda.

En caso de abstinencia por farmacodependencia más grave, comúnmente se presenta vómito, diarrea, pérdida de peso y eyaculación u orgasmo espontáneos. Si es necesario un programa de abstinencia, los médicos emplean metadona, 10 mg por vía bucal en intervalos de 4 a 6 horas hasta que ya no se presenten los signos.

 

¿QUÉ HACER EN CASO DE EMERGENCIA?

En casos de intoxicación pueden presentarse náuseas, vómito, depresión del sistema respiratorio, circulatorio y digestivo. Un síntoma característico y suficiente para establecer el diagnóstico de intoxicación por morfina y otros opiáceos es la presencia de miosis en grado máximo (las pupilas aparecen como puntos). En casos graves se genera un colapso respiratorio, coma y muerte, por lo que resulta indispensable solicitar ayuda médica y no dejar que el sujeto se duerma ya que la depresión respiratoria aumentaría, y con ella el peligro de muerte por asfixia. La naloxona Narcan® en dosis de 4 mg por vía intravenosa, intramuscular o subcutánea, alivia la depresión respiratoria y el estado de coma producidos por la intoxicación aguda. Si no hay respuesta después de 3 dosis aplicadas en intervalos de 3 minutos, es posible que otra droga esté implicada o exista alguna enfermedad.

Si la droga fue ingerida y el individuo está consciente, se recomienda dar carbón activado disuelto en agua y provocar el vómito. Posteriormente se recomienda un lavado gástrico. Si fue inyectada se utilizan compresas de hielo en el sitio de aplicación para disminuir el flujo capilar sanguíneo. En ambas las circunstancias se recomienda mantener caliente al paciente y darle de beber café negro fuerte.

 
HECHOS INTERESANTES

Régimen legal actual

La morfina es una sustancia prohibida, perteneciente a la Lista I.

En la práctica esto significa que no hay autorización alguna para comercializar morfina con fines recreativos. Para utilizarla con fines médicos hay que seguir una serie de trámites burocráticos que muchas veces ocasionan escasez en los centros hospitalarios. Varios médicos mexicanos se quejan al respecto, así como algunos pocos investigadores que se han atrevido a proponer experimentos que involucran este fármaco y después de conseguir los permisos (proceso que suele durar varios meses o años) se ven acosados por las autoridades que irrumpen en sus laboratorios casi a diario sólo para constatar si la cantidad de morfina sigue siendo la misma y de no ser así, para inquirir minuciosamente cómo y en qué se ha utilizado.

En el caso de la legislación mexicana en materia de drogasde acuerdo a las Tablas de penas previstas en el artículo 195 BIS del Código Penal para el Distrito Federal en Materia Común y para toda la República en Materia Federal, portar menos de 250 mg de MORFINA se considera como consumo personal y no se aplica ninguna sanción según el Artículo 199 del mismo código. Una cantidad mayor se considera como tráfico y sí está sujeta a penalización, dependiendo de la cantidad. (Consultar las tablas)La dosis media consignada en Las drogas tal cual son como consumo personal es de 15 a 20 mg.

La morfina y la institucionalización de la medicina en Estados Unidos

Veinte años después del descubrimiento de la morfina, los laboratorios Merck (antecedente de la actual Merck, Sharp & Dohme) comienzan a fabricar este psicofármaco al por mayor. Paralelamente, en aquella época despierta una aspiración por institucionalizar la medicina. Farmacéuticos y médicos provistos de algún título desean ocupar en la sociedad un puesto de mayor responsabilidad y poder de decisión que los distinga de barberos, curanderos, herbolarios y terapeutas ambulantes sin titulación. Para lograr su meta y acaparar clientela comienzan a organizarse: en 1847 se funda la Asociación Médica Americana y cinco años después, la Asociación Farmacéutica Americana.

El uso de la morfina se propaga cuando Carlos Gabriel Pravaz inventa la jeringa y Alejandro Wood desarrolla el procedimiento hipodérmico. Durante la Guerra Civil estadounidense (1861-1865), gracias a la morfina los soldados dejarían de sufrir terribles dolores. Al término de la guerra la llamada "army disease", esto es, la dependencia física de los pacientes tratados con morfina, asegura durante varios años más, tanto las ganancias de Merck, como las de la primera fábrica de agujas para jeringas que también surgió en la Unión Americana.

En 1885, pasada ya la guerra y sus estragos, el primer lugar entre las drogas más recetadas lo ocupa los preparados de hierro (para la anemia), el segundo los de quinina (contra la malaria), y en tercero y cuarto lugar respectivamente están los preparados de opio y la morfina. Los tres primeros se venden todavía en forma de vinos, jarabes, elíxires y panaceas cuyas patentes y ganancias están en manos de terapeutas sin titulación.

Así pues, médicos y farmacéuticos reformulan su estrategia, presionan al gobierno para acabar con la competencia y logran que en 1906 se expida la Ley sobre Pureza de Alimentos y Drogas. Esta legislación obliga a incluir los nombres y las cantidades de los componentes de cada fórmula, debido a lo cual, miles y miles de fármacos basados sobre una u otra especie de fraude se hundieron con la simple exigencia de la veracidad en la etiqueta y el público se dio cuenta de que muchas drogas con precios totalmente distintos contenían en realidad la misma cosa. (9) Con ello termina la época de las medicinas de patente para dar paso a la era de la industria farmacéutica y la medicina institucionalizada.

 

El auge de la morfina en Europa

Según cuenta Brau en su Historia de las drogas, para que se propagase el uso de la morfina en Europa, además de la introducción de la jeringa, “fue menester que Bismark cometiera falsedad en el comunicado de Ems negando las propiedades adictivas de la morfina". (4)

Efectivamente, durante la guerra franco-prusiana de 1870-1871, los cirujanos militares franceses pronto imitaron a sus colegas alemanes, administrando morfina en grandes cantidades a los heridos que habían de sufrir amputaciones. "No paró en eso la cosa, sino que a la menor fatiga, al menor dolor de cabeza, los médicos recetaban morfina". (4)

 

De hecho se sabe que Bismark se inyectaba morfina varias veces al día, lo mismo que el emperador Maximiliano y el célebre Wagner.

La producción alemana de este psicofármaco que en 1869 era de unas dos toneladas, en 1871 pasa a ser de cinco. La oficialidad -especialmente la alemana- empleaba expresamente la sustancia no sólo para el dolor localizado sino para resistir inconvenientes y darse coraje. Durante toda esa época el uso de drogas es tan irrestricto entre los médicos que el "cóctel Brompton", una combinación de heroína o morfina, cocaína, una fenotiacina, alcohol y agua de cloroformo para administración bucal, se recomendó ampliamente como analgésico general en hospitales británicos. (16)

El éxito de la morfina en Europa trasciende los usos médicos y permea a la alta sociedad entre 1875 y 1900. Según se cuenta, "veíanse un poco en todas partes fundarse clubs de morfinómanos; hasta los joyeros ofrecían a sus clientes toxicómanos jeringuillas chapadas en oro o estuches de metales preciosos." (4)

Francia será donde aparezcan los mayores niveles de consumo suntuario, dentro de un gusto por lo decadente que conociendo el peligro de sobredosis y hábito, lo considera divertido por eso mismo. Escohotado asegura que en muchos salones las damas hacían cola para ser inyectadas, componiendo un cuadro que guarda analogías con el culto ceremonial a la aguja de nuestro tiempo, aunque actualmente acontezca entre desheredados, en el polo opuesto del espectro social. (9)

 

La estrategia para prohibir mundialmente el opio y la morfina

A principios del siglo XX, en los medios de comunicación estadounidenses, los temas favoritos eran los negros cocainizados hasta la exasperación, los chinos en siniestros fumaderos, los mexicanos montando orgías con marihuana y a nivel del alcohol, las consabidas acusaciones a irlandeses e italianos.

En medio de este clima un diputado por Vermont propone al Congreso de los Estados Unidos una ley para prohibir todo tráfico y uso no estrictamente médico de opiáceos, cocaína, hidrato de cloral y cannabis "por mínimas que fuesen las cantidades". La mayoría de los médicos y farmacéuticos critican y rechazan el proyecto porque a raíz de la Ley sobre la Pureza de los Alimentos y las Drogas, sus ganancias se han incrementado considerablemente.

El gobierno estadounidense no se detiene y en 1912 organiza la Conferencia de La Haya. Ofreciendo mayores descuentos arancelarios, consigue la aceptación de un Convenio que limita a "usos médicos y legítimos" el opio, la morfina, la cocaína y cualquier nuevo derivado de estos "que pudiera dar lugar a abusos análogos". Alemania, Portugal, Holanda, Japón, Rusia, China e Italia se comprometen a examinar la posibilidad de dictar leyes o reglamentos que castiguen la posesión ilegal de las sustancias mencionadas y a tomar medidas para la exportación de opio a los países que deseen limitar su entrada. Francia, Persia, Siam e Inglaterra (que para esas fechas exporta ya cuarenta toneladas de morfina al año), los suscriben bajo reserva.

Debido a que la escasez de firmantes hizo que el Convenio quedase en suspenso, dos años después se lleva a cabo otra conferencia en La Haya que no tiene gran relevancia puesto que justo en esos días ocurre el asesinato del archiduque Fernando de Sarajevo y estalla la Primera Guerra Mundial. No obstante, la delegación estadounidense regresa a su país dispuesto a prohibir de una vez por todas los psicoactivos que tanto le molestan.

Captar votos de ciertos grupos étnicos era muy usual en la política y el ataque al consumo de psicofármacos era un juego político bastante redituable, pues se ganaban muchos más votos de los que se podían perder, así es que sobre la base de que ya se había firmado un acuerdo internacional, en 1914 se aprueba la Ley Harrison que regula la inscripción administrativa de fabricantes y dispensadores de opio, morfina y cocaína, previendo sanciones para el incumplimiento.

Según describe Escohotado, las condiciones del pacto fueron simples: médicos y farmacéuticos obtendrían un sistema de rigurosa exclusiva para cocaína, opiáceos y cualquier otra droga merecedora de control a su juicio. A cambio de ello, la Asociación Médica y la Asociación Farmacéutica "apoyarían los postulados básicos del Prohibition Party, planteando el consumo de psicofármacos como una epidemia súbita y virulenta, extraña a las esencias americanas." (9)

Los encargados de hacer cumplir esta nueva normatividad, los agentes antinarcóticos, dependerían del Departamento del Tesoro y no de Justicia "pues se trataba de delitos sin víctima física, finalmente idénticos al contrabando, y por lo mismo inadecuados para las brigadas de lo criminal." (9)

 

 

La aplicación de la ley genera todo un mercado negro y termina revocando la autoridad de médicos y farmacéuticos para dispensar psicofármacos ya que se instaura un sistema de persecución infiltrando a policías vestidos de civil en farmacias y consultas médicas. Casi 40,000 profesionistas serían aprehendidos entre 1920 y 1930 por "conspiración para violar la Ley Harrison". Pero lo más escandaloso es la estratagema mediante la cual esta ley estadounidense termina exportándose al resto del planeta: en 1919 se incorporan los Convenios de la Haya en la sección 295 del Tratado de Versalles con el que finaliza la Primera Guerra Mundial. Esto hace que prácticamente todo el mundo suscriba las cláusulas acordadas por sólo doce países en 1912 (Estados Unidos como promotor, siete que lo apoyaron incondicionalmente y cuatro más que firmaron bajo reserva).

  

FUENTES DE CONSULTA ACERCA DE LOS OPIÁCEOS

1. Arias Carbajal: Plantas que curan y matan, Editores Mexicanos Unidos, México, 1990.
2. Astorga, Luis: El siglo de las drogas; Espasa-Calpe, México, 1996.
3. Brailowsky, Simón: Las sustancias de los sueños: Neuropsicofarmacología. FCE-CONACYT, México, 1995.
4. Brau, Jean Luis: Historia de las drogas, Bruguera, España, 1973.
5. Burroughs, William: El almuerzo desnudo, Anagrama, España, 1975.
6. Burroughs, William: Jonqui, Júcar, España, 1978.
7. Diccionario de Especialidades Farmacéuticas, Edición no. 40, PLM, México, 1994.
8. EscohotadoAntonio: Guía de drogas, Ómnibus Mondadori, España, 1990.
9. Escohotado, Antonio: Historia General de las drogas, Tomo II. Alianza editorial, España, 1995.
10. Fármacos de abuso: Información farmacológica y manejo de intoxicaciones, Centro Mexicano de Estudios en Farmacodependencia, México, s/f.
11. García Liñán, Carmen: Opiáceos, Árbol Editorial, México, 1990.
12. Goodman, Alfred et allGoodman y Gilman. Las bases farmacológicas de la terapéutica, 8va. Edición, Panamericana, Argentina, 1991.
13. Heffern, Richard: Secrets of Mind-altering plants of Mexico, Pyramid Books, USA, 1974.
14. "Heroin is reasonable safe and a lot of fun", The Sputnik Drug Information Zone, Internet.
15. Identificación de Estupefacientes y Psicotrópicos, Manuales de Capacitación, PGR, 1994.
16. Krupp, Marcus et all: Diagnóstico clínico y tratamiento, Manual Moderno, México, 1988.
17. Levintal, Charles F.: Mensajeros al paraíso, Gedisa, España, 1989.
18. Opiates facts: opium, codeine, morphine, heroin, Alcoholism and Drug Addiction Research Foundation, Toronto, Canada, 1991.
19. Quincey, Thomas de: Confesiones de un opiófago inglés, Fontamara, México, 1989.
20. Schultes, R.E. y Hofmann, A.: Plantas de los Dioses: orígenes del uso de los alucinógenos, FCE, México, 1993.
21. Shulguin, Alexander: "La legalización de ciertas drogas debería de ir acompañada de educación", Muy Interesante, Año XVI, No. 2, México, Febrero de 1999.
22. Snyder, Solomon H.: "Los receptores de los opiáceos y sustancias opiáceas endógenas", Investigación y ciencia, edición en español de Scientific American, Mayo 1977, Barcelona, España.
23. Taylor, Norman: Drogas, Novaro, México, 1970.

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