Las Drogas Hoy

LAS DROGAS COMO REPRESENTACIÓN DEL MAL

La génesis de los demonios medievales y modernos tiene un origen común: disidencia ideológica

A finales de la Edad Medía, el sistema de dominación de la Iglesia Católica quedó al descubierto para ciertas mentalidades vanguardistas; este hecho, aunado a la corrupción en que habían caído las instituciones eclesiásticas, propició la revaloración de los dogmas católicos. Toda vez roto el orden tradicional que ligaba al hombre con Dios a través de las interpretaciones de los jerarcas apostólicas romanos, esas mentes vanguardistas decidieron relacionarse directamente con Dios y todas ellas tuvieron que enfrentarse al poder de la Santa Inquisición.

La persecución de los herejes y de las brujas fue instigada por una crisis de confianza: en sus primeros mil años de historia el catolicismo había cosechado toda una serie de éxitos y había conseguido un poder cada vez mayor, pero al crecer el islamismo en Oriente y el escepticismo intelectual en Occidente iba perdiendo terreno. “Si se desafiaba al poder de la Iglesia, el autor de dicho desa­fío sólo podía ser el demonio, ya que la Iglesia era la Iglesia de Dios. Cualquier persona o grupo que se enfrentase a ella estaba aliada con el Demonio y se dedicaba a hacer «maleficios».” (1) 

La conducta de la Iglesia Católica en nada difiere de la adoptada por dictaduras posteriores. La clasificación de las representaciones demoníacas siempre obedece al poder que las conjura. Frente al surgimiento del Estado moderno y sus variantes ideológicas, surgieron puntualmente nuevos demonios cuya representación recayó en los grupos que se atrevieron a poner en tela de juicio su legitimidad y enfrentaron su poder: nazis, fascistas, comunistas, capitalistas, judíos, cristianos musulmanes, terroristas… el rostro del diablo ha dependido de los ojos del Estado que lo ha mirado y de las coordenadas temporales desde las que se ha verificado tal avistamiento.

En este fin de siglo, en el que la exorcización del socialismo aparentemente ha dado resultados, aunque otros demonios coexisten aún, sólo uno de ellos parece tener el mismo rostro para todas las variantes estatales: las drogas prohibidas por el imperialismo estadounidense a través de la Organización de las Naciones Unidas. ¿Por qué un conjunto de fármacos y no otros, por qué substancias químicas y no un grupo de personas: narcotraficantes y/o consumidores? Por la paranoia o perspicacia ‑según se mire‑ del sistema estatal estadounidense.

Así como la hegemonía católica medieval se vio cuestionada por el humanismo renacentista de personajes tan distintos como Pico de la Mirándola, Tomasso, Campanella, Giordano Bruno, Marco Polo, Galileo, Kepler, Newton y Descartes, la hegemonía norteamericana contemporánea se ha visto cuestionada por personalidades relevantes en el ámbito intelectual, también lo ha sido por un pequeño sector interdisciplinario y heterogéneo cuyo acceso a los medios de comunicación masiva le ha sido negado por el mismo sistema. Los nombres y las trayectorias de gente como Albert Hofmann, Gordon Wasson, Timothy Leary, Thomas Szasz, Humprhy Osmond, Antonio Escohotado y Robert Graves, son poco conocidos. A los humanistas se le asocia con un impulso renacentista que unió la fuerza con la técnica confiando en el intelecto humano. A los casi anónimos personajes antes mencionados, se les asocia con algo llamado “contracultura”, cuyos representantes más conocidos han sido los Beatles, Pink Floyd, Herbert Marcuse, Aldous Huxley, Ernst Jünger, H. Michaux y los escritores estadounidenses de la llamada corriente beat (2). Ellos son los herejes contemporáneos: psiconáutas: descubridores, fabricantes, redescubridores, colectores, investigadores historiadores, apologistas algunos, críticos otros, pero todos (con excepción ‑al menos pública‑ de Marcuse) usuarios de substancias peligrosas que han caído en la ilegalidad.

 

El calificativo moral de las drogas comenzó cuando, “preocupado por la salud física y mental de sus gobernados”, el poder estatal decidió maximizar las ganancias de las empresas multinacionales de producción y comercialización de armas y medicinas

A instancias del gobierno norteamericano, la ONU se encargó de reunir a sus países miembros en Ginebra durante la Convención única de 1961. En ella los convocados se comprometieron a prohibir en sus respectivos países el consumo de fármacos (algunos ya prohibidos por convenios anteriores aunque no siempre globales) tales como: opio, heroína, marihuana, cocaína, morfina y otras substancias derivadas de los principios activos de plantas como la adormidera, el cáñamo y la coca. El cultivo legal de éstas quedó con ello rígidamente limitado a las “aplicaciones de uso médico. Fue entonces cuando comenzó el auge de las transnacionales farmacéuticas (obviamente primermundistas) como encargadas únicas de producir y comercializar drogas analgésicas, narcóticas y demás psicoactivos. Con ellas se pretendía sustituir paulatinamente el consumo, en muchos casos ancestrales, de drogas cuya utilización ‑fuera del ámbito junky en Occidente‑ no era sólo recreativa, sino médica y religiosa. Además de los usuarios, resultaron afectados millones de campesinos (en su gran mayoría tercermundistas) dedicados al cultivo de plantas que, de la noche a la mañana, se decretaron prohibidas porque afectaban “la salud y la cordura” de “toxicómanos” básicamente europeos y norteamericanos (o sea: primer mundistas).

No sólo los farmacéuticos se vieron favorecidos con la prohibición, la industria armamentista (monopolio del primer mundo) resultó quizá mayormente beneficiada a raíz de la égida mundial: tanto el expandido cuerpo encargado de la inteligencia y la coerción física, como el de productores, distribuidores y expendedores, desde entonces mundialmente ilegales, requirió de sus artículos.

A partir de 1961, las drogas quedaron pues técnicamente divididas en licitas e ilícitas y conceptualmente estigmatizadas como buenas o malas.

 

El movimiento contracultural relacionado con las drogas psiquedélicas contribuyó a solidificar el estigma negativo de las drogas

En el lenguaje químico, los alcaloides se definen como substancias alcalinas que contienen nitrógeno y que representan los principios activos, desde un punto de vista farmacológico, de numerosas plantas. (3) Los alcaloides con aplicaciones médicas más importantes se derivan de microorganismos y plantas como el cornezuelo, un hongo que parasita algunos pastos y cereales, principalmente la cebada. El ácido lisérgico es el núcleo común de la mayoría de los alcaloides del cornezuelo. Realizando experimentos con algunos de ellos, el químico suizo Albert Hofmann encontró cierta substancia que posteriormente constituiría el núcleo de la farmacopea contracultural. Aunque extensa, vale la pena incluir una síntesis del recuento de sus principales logros en este terreno:

En 1937, a partir del ácido lisérgico natural sinteticé la ergonovina [...] con el objeto de preparar numerosas modificaciones químicas de dicha substancia. Otro derivado del ácido lisérgico que sinteticé en el curso de estos trabajos con la intención de obtener un analéptico [...] fue la dietilamida del ácido lisérgico [...] En 1943 descubrí, al someterme a experimentos con la droga, la alta potencia enteogánica ["Dios dentro de nosotros”, según G. Wasson y sus colaboradores que fueron quienes, partiendo de la voz griega entheos, acuñaron el término, en 1978 para connotar los efectos de ciertas drogas que usualmente eran llamadas alucinógenas] de la dietilamida del ácido lisérgico, que llegó a ser conocida en todo el mundo por su nombre en clave en el laboratorio: LSD-25. Mi interés por los agentes enteogénicos, originado en 1943 a partir de mi trabajo con la LSD, me llevó a conocer a Gordon Wasson, precursor como etnomicólogo y precursor también en el estudio del antiguo culto de los hongos en México [...] logré aislar los principios enteogénicos de los hongos sagrados de México a los que llamó psilocibina y psilocina. [...] Con la ayuda de Wasson obtuve una gran cantidad de semillas de ololliuqui [...] cuando las analizamos llegamos a un resultado inesperado: estas antiguas drogas que estábamos dispuestos a llamar “mágicas” y que los indios consideran divinas, contenían como principios psicoactivos nuestros ya familiares alcaloides del cornezuelo. Los componentes principales eran la amida del ácido lisérgico y la hidroxietilamida del ácido lisérgico [...] ambos estrechamente relacionados con la dietilamida del ácido lisérgico (LSD). La cuestión que entonces surgía por si misma era si la ergonovina poseía actividad enteogénica. [...] Así pues decidí administrarme una dosis correspondiente [...] Su potencia corresponde aproximadamente a una vigésima parte de la que tiene la LSD, y unas cinco veces la de la psilocibina. (4)

La LSD era la droga más potente descubierta hasta entonces, tanto que su dosis debla medirse en millonésimas de gramo o gammas. La dosis activa en humanos iba de 0.000003 a 0.000001 por kilo de peso. Su toxicidad (dosis activa/dosis letal) era anormalmente baja; en la heroína puede ser de 1/5, en el barbitúrico de 1/4, mientras en la LSD era de 1/600. Además resultaba ser un fármaco desprovisto de tolerancia que al usarse con asiduidad diaria simplemente dejaba de hacer efecto. (5)

Sobre las experiencias psico-emocionales con estas nuevas drogas se decían cosas como las siguientes:

  • “El Yo desaparece pero en el hueco que ha dejado se instala otro Yo. Ningún Dios, sino lo divino. Ninguna fe sino el sentimiento anterior que sustenta a toda fe, a toda esperanza.” Henrry Michaux, poeta belga.
  • “La mezcalina y el LSD abren una puerta de acceso a áreas de la mente que habitualmente no conocernos [...] Postulados tales como ‘Dios es amor son comprendidos con la totalidad del propio ser, y su verdad parece axiomática a pesar del dolor y la muerte. Esto se ve acompañado por una vehemente gratitud ante el privilegio de existir en este universo.” John Lilly, psicólogo estadounidense.
  • “Es el más precioso de los dones espirituales descubiertos por la humanidad”. Al Hubbard, terapeuta estadounidense.
  • “Las experiencias premísticas y místicas dejarán de ser raras y se tomarán comunes. Lo que otrora fue un privilegio espiritual de unos pocos estará al alcance de muchos. Y eso planteará problemas sin precedentes a los ministros de las religiones organizadas del mundo.” Aldous Huxley, escritor inglés. (6)

A finales de 1959 en la universidad de Harvard se puso en marcha el ambicioso Proyecto de Investigación Psiquedélica (7), dirigido por el profesor Timothy Leary, titular de psicología clínica. El proyecto tuvo gran aceptación social:

Un año más tarde, entre los sujetos experimentales que acudían los fines de semana a reunirse con Leary había cuatro sectores bien diferenciados: a) alumnos y posgraduados de diversas Facultades de Harvard; b) profesores de las mismas y de otras universidades del país; c) un grupo de escritores y artistas ligados al estilo beat, d) una selección de personalidades heterogéneas, unidas por la notoriedad y la opulencia económica [...] La actividad de Leary empezó entonces a verse disociada por tendencias opuestas. Una era Huxley que proponía permanecer dentro del modelo médico y evitar cualquier mención a lo camal [...] La otra influencia era A. Ginsberg que proponía democratizar su uso, romper con el corsé terapéutico y emplear psilocibina y mezcalina para consumar una revolución tanto sexual como política [...] era un tripper entusiasta y cordial, que pasó parte de su primera experiencia tratando de hablar por teléfono con el presidente Kennedy y con Krushchev para instarles a la paz. (8)

Las posturas del poeta norteamericano Allen Ginsberg y de Huxley reflejan cabalmente el ánimo de un gran sector de la población de esa época. (9) En The politics of ecstasy (1964) Leary presentó las proposiciones huxleyanas ‑muchas de ellas coincidentes con las de Marcuse‑ en términos accesibles a nivel popular como expresión de un espontáneo rechazo ante formas anacrónicas de vida y de organización social que tenía su principal apoyo en la juventud y sólo adoptaría tintes dramáticos si tratara de frenarse irracionalmente, con simples medidas represivas.

La meta era evitar la degradación del medio ambiente, las guerras de agresión, las manipulaciones de la propaganda política, las sumisión del hombre a la tecnología, el imperio indiscutido de la moral wasp, el silencioso envenenamiento de la población con drogas embrutecedoras y venenosas, todo ello gracias a un retorno hacia formas sencillas de vida, la liberación del sexo… El cuadro que presentaba esa “política de éxtasis” era tan idílico y apacible para sus adeptos como delirante para aquello que empezaba a llamarse el Sistema (Establishment). La ingenuidad de Leary lo llevaba a pronosticar triunfos a corto plazo, prácticamente sin lucha [...] (10)

La ingenuidad no era sólo de Leary, era de toda la juventud que constituía “su principal apoyo”. Mientras los psicólogos y psiquiatras exploraban los usos clínicos de las drogas psiquedélicas (11), los hípsters organizaban grupos como la Fraternidad del Amor Eterno, dedicada a importar toneladas de marihuana y hachís para poder regalar LSD como “caritativa distribución de un sacramento”; viajes químico geográficos como el de Ken Kesey (12) y sus merry prankesters; confraternizaciones de fin de semana entre freaks yhell angels con LSD y galones de cerveza; o dando muestras de su poder de convocatoria en concentraciones masivas como Woodstock y la Reunión de las Tribus en San Francisco, donde cada persona recibía como cortesía marihuana, LSD o alguna variante como el ALD25, mejor conocido como sunshine… en fin, las actitudes y actividades de la juventud norteamericana durante esta época están bastante documentadas y lo que interesa para los fines de este ensayo es destacar que hasta ese momento, aunque las drogas habían dado lugar a sobresaltos, no había existido nunca una alternativa cultural prácticamente completa con un programa claro y oscuro al mismo tiempo, basado en una efectiva condición de libertad y dignidad individual.

El caso es que en 1966 finalmente se prohibió el uso de las drogas psiquedélicas y es sabido que el movimiento terminó sin grandes aspavientos y que la mayoría de los asistentes a las concentraciones masivas acabaron incorporándose al Establishment. Son muchos los que consideran difícil “que sin la LSD y sus afines hubiera existido el movimiento hípster y a la inversa, que sin él esas substancias hubiesen ingresado en la farmacopea infernal” (13). Como lúcidamente aseguró alguna vez Octavio Paz:

Puede entenderse ahora la verdadera razón de la condenación y de su severidad: la autoridad no obra como si reprimiese una práctica reprobable o un delito sino una disidencia. Puesto que es una disidencia que se propaga, la prohibición asume la forma de un combate contra un contagio del espíritu, contra una opinión. La autoridad manifiesta un celo ideológico: persigue una herejía no un crimen. (14) 

Los criterios para prohibir ciertas drogas obedecen más a prescripciones administrativas que científicas

Ello quedó demostrado en 1971, cuando las condiciones farmacraticas se vieron modificadas por el Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas firmado en Viena, que no alteró la legislación anterior sobre «estupefacientes», acordada en Ginebra sitio, añadió al cuadro de substancias prohibidas o controladas numerosos fármacos más diseminados en cuatro listas.

La Lista I comprende las drogas usadas por los representantes de la contracultura, la II incluye los derivados amfetamínicos y análogos así como la fenciclidlina o polvo de ángel, la III enumera algunos barbitúricos y un fármaco afín, y la IV incluye algunos otros barbitúricos e hipnóticos no barbitúricos. (15)

Para las substancias incluidas en las listas II, III y IV el estatuto señala: “Cada una de las Partes limitará a fines científicos y médicos, por los medios que estime apropiados, la fabricación, la exportación, la distribución, las existencias, el comercio, el uso y la posesión de estas substancias”, esto equivale en la práctica a su venta mediante receta médica y a su investigación mediante una petición reglamentaria; mientras que las substancias comprendidas en la lista I quedan prácticamente fuera de todo alcance: “Las partes prohibirán todo uso excepto el que con fines muy restringidos hagan personas debidamente autorizadas en establecimientos médicos o científicos que estén bajo la fiscalización directa de sus gobiernos” (16) No se menciona fabricación, importación, exportación, distribución, existencias, comercio, ni posesión, así es que ni se pueden usar, ni se pueden investigar. En vista de que no se autoriza la producción, aun los temerarios investigadores que decidiesen manchar su currículum solicitando a las correspondientes autoridades estatales permiso para estudiar esos fármacos, se toparían con un grave problema burocrático previo ya que ningún laboratorio legalmente registrado se lanzaría a iniciar los complejos y costosos trámites necesarios para poder sintetizarlos cuando tienen mínimas posibilidades de ser aprobadas; lo mismo puede decirse de los “establecimientos” donde habrían de verificarse las experiencias. Según A. Escohotado, con excepción del STP, insuficientemente investigado, todas las substancias de la Lista I “son drogas que no crean adicción ni tolerancia [por tolerancia se entiende que cada vez necesitas dosis más altas para obtener los mismos efectos], con una toxicidad [proporción entre la dosis requerida para que te haga efecto y la dosis letal] anormalmente baja”. (17)

Entre las substancias de la lista II están las amfetaminas ‘”que crean muy altos índices de tolerancia pero no adicción en sentido estricto”, la fenmetracina “que además de gran tolerancia induce síndromes abstinenciales [trastornos físicos y psíquicos cuando la dejas de consumir]” y la fenciclidlina “un fármaco empleado en veterinaria que puede considerarse tan venenoso y demenciante como las daturas [el toloache mexicano es una datura]. Mencionadas estas diferencias, puede señalarse que los fármacos de la Lista II “tienen en común ser drogas de muy alta toxicidad (en realidad, su abuso provoca quizá el máximo deterioro orgánico observado), cuyo empleo crónico produce sin lugar a dudas delirios persecutorios prolongados o permanentes”.

Todas las substancias de las listas III y IV coinciden en “crear tolerancia e inducir una dependencia física intensa, con aparatosos síndromes abstinenciales en algunos casos ‑el de los barbitúricos‑ bastante peores”. El deterioro orgánico que inducen es apenas inferior al de las drogas de la Lista II pero su toxicidad “es bastante superior, motivo por el cual son el medio químico favorito para suicidarse en nuestra cultura, desde hace más de medio siglo”.

Esta arbitrariedad administrativa no es sino un candado legal para prohibir por completo la experimentación con las ‑prácticamente inocuas‑ drogas psiquedélicas y para obstaculizar, de hecho impedir, su investigación; mientras con toda tranquilidad: “Sandoz vende doce millones de comprimidos de optalidón, un combinado de amfetamina y barbitúrico, Smith & Kline unos sesenta millones de cápsulas de dexedrina y Roche no menos de trescientos millones de píldoras tranquilizantes de distintos tipos”, (17) por supuesto investigando en sus respectivos laboratorios tales y otras substancias análogamente nocivas con perfecta autonomía. Como bien concluye Escohotado:

Hubiera sido más veraz declarar que algunos fármacos se consideraban espiritualmente subversivos y se prohibían por eso ‑fuesen o no prometedores para el progreso del conocimiento humano, y aunque su investigación resultase apoyada por algunos de los hombres más destacados del siglo‑, en vez de pretextar que la fiscalización sobre los «estupefacientes» tradicionales se extendía ahora también a las substancias «psicotrópicas» [...] porque quedaron fuera de esa etiqueta muchos psicofármacos creadores de tolerancia y en algunos casos de adicción ‑la cafeína, los anthistaminicos, los tranquilizantes distintos del meprobamato y los neurolépticos‑ que por entonces eran (aparte del alcohol, el café, el té y el tabaco) precisamente las drogas más vendidas en el mundo. (18)

La Convención de Ginebra de 1925 dio origen al Comité Permanente, que posteriormente se transformó en Comité de Expertos en Drogas que Producen Toxicomanía (según la traducción oficial de Naciones Unidas el término equivalente en castellano para la palabra addiction es toxicomanía). Una de sus tareas era definir addiction, cosa que para la Convención de Ginebra de 1931, todavía no lograba hacer satisfactoriamente. Ante las diversas presiones, varios años después se optó por hacer uso de una referencia expuesta en un pronunciamiento de la OMS. Con ella el Comité de Expertos distinguía las drogas productoras de hábito de las drogas productoras de adicción. Esta última se definió entonces como:

Estado de intoxicación crónica y periódica originada por el consumo repetido de una droga, natural o sintética, caracterizada por:
1. Una compulsión a continuar consumiendo por cualquier medio,
2. Una tendencia al aumento de la dosis.
3. Una dependencia psíquica y generalmente física de los efectos.
4. Consecuencias perjudiciales para el individuo y la sociedad.

Por contraposición, el simple hábito era “un estado debido al consumo repetido de una droga, un “deseo” y no una compulsión, con “poca o ninguna tendencia al aumento de la dosis y cierta dependencia psíquica, pero sin dependencia física”, cuyos efectos “en caso de ser perjudiciales se refieren sobre todo al individuo”. (19)

Ninguna de las definiciones fue aceptada por la comunidad de toxicólogos ya que ambas carecían de requisitos lógicos y elementos cuantificables. Las distinciones entre deseo y compulsión, tendencia y poca tendencia, intoxicación crónica y estado debido al consumo repetido resultaban a todas luces retóricas y no científicas. Aunque el Comité no ha sido capaz de justificar, ya no digamos fundamentar, en términos científicos las recomendaciones y decisiones de la máxima autoridad internacional, no por ello las substancias prohibidas han dejado de estarlo. 

La clasificación respecto a la peligrosidad de las drogas depende de las preocupaciones de la DEA y de los monopolios farmacéuticos

El caso de la MDMA, introducida en el ámbito psicoterapéutico a principios de los años setenta es una clara muestra de lo primero. La MDMA (mejor conocida como éxtasis o XTC), cuya estructura química es parecida a la de la mezcalina, no produce efectos visionarios, se relaciona con alteraciones en la esfera sentimental más que en la perceptiva. Sobre ella aseguraron diferentes terapeutas:

  • «Ayuda a la gente a ponerse en relación con sentimientos habitualmente no disponibles» L. Grinspoon, profesor de psiquiatría en Harvard,
  • R. Ingrici, profesor de Cambridge, que usó la droga con más de 500 pacientes, la consideraba útil «sobre todo para curar miedos».
  • El psiquiatra G. Greer, definió la terapia con ella corno «modo de explorar sentimientos sin alterar percepciones», sugiriendo que «incrementa la propia estima y facilita una comunicación más directa entre personas reunidas por algún vínculo por lo que uno de sus mejores campos de acción está en el de «parejas que se quieren conocer a sí mismas para desarrollar su personalidad».
  • Un grupo de psicólogos californianos publicó un manifiesto donde se afirmaba que «tiene el increíble poder de lograr que las personas confíen unas en otras. (20)

Del mismo modo que ocurrió con la LSD, el movimiento contracultural ya había comenzado a efectuar proselitismo. A partir de 1983 el XTC se convirtió en “un regalo de California para el mundo” destacándose el elemento transpersonal y ligando a sus consumidores con la defensa de las causa ecológicas. Principalmente promovido por el grupo New Age en lugares públicos de California, la substancia se obsequiaba junto con un folleto llamado Guía para neófitos donde se describían efectos farmacológicos, modos de empleo, contraindicaciones y sugerencias generales. En ocasiones se añadían también fotocopias de un artículo de Leary, quien consideraba al XTC “la droga de la década” en virtud de que: “No existen casas de abuso. La droga no es adictiva. No distorsiona la realidad ni lleva a una conducta destructiva o antisocial. No hay un solo caso registrado de mal viaje”. (21)

Ese mismo año la DEA decide incluirla en la Lista 1, es decir, prohibió totalmente su uso y la volvió inasequible para el estrato de investigadores. La iniciativa provocó una oleada de críticas por lo que el National Institute on Drug Abuse, tuvo que salir en defensa de la DEA argumentando que la MDMA era “una grave amenaza para la salud nacional, pues produce problemas idénticos a los creados por las anfetaminas y la cocaína”. No habiendo documentación alguna sobre casos de intoxicación y mucho menos de muerte, los californianos se preguntaban: “Si el NIDA no tiene idea del asunto, ¿en qué se basa la DEA?” Presionado por la prensa, el entonces director de la DEA, Frank Sapienza, declaró, “No teníamos la menor noción de que los psiquiatras usaran esta droga en sesiones de terapia”; admitió que todavía no habían recibido señales de abuso o delincuencia ligada a ella, pero justificó la decisión argumentando que el uso médico de la droga no había sido aprobado nunca por la Food and Drug Administration. Un reportero le preguntó entonces si todo lo no autorizado expresamente debería considerarse prohibido, o más bien al revés, Sapienza contestó con inusual franqueza que más se antoja cinismo:

La ley vigente no hace depender el abuso de que existan efectos psíquica o físicamente dañinos, sino de cuántas personas quieren usar una droga, y parece haber un número considerable de personas deseosas de usar la MDMA. Esta gente puede no llamarlo abuso ‑puede llamarlo uso recreativo o terapéutico‑, pero la ley no distingue lo uno de lo otro. Aunque la MDMA acabe siendo una substancia con usos médicos, lo cierto es que no había estudios en tal sentido antes de aparecer en las calles. Por consiguiente, debemos decir que carece de uso médico y ha de ir a la Lista I. (22)

El grupo New Age se encargó de enviar varios informes sobre el uso terapéutico de la MDMA a la OMS, y algunas asociaciones psiquiátricas hicieron lo propio. Cuando el Comité de Expertos se reunió en Ginebra en 1985, se vio obligado a reconocer que:

No hay datos disponibles sobre la propensión al abuso clínico ni sobre problemas sociales y de salud pública, ni epidemiológicos ligados al uso o abuso de esta substancia. No existe un uso terapéutico bien definido, pero bastantes profesionales norteamericanos afirman que posee un gran valor como agente psicoterapéutico. [No obstante, el párrafo inmediatamente posterior, sin aclaración alguna, sentencia:] Sobre la base de los datos antes esbozados el Comité estuvo de acuerdo en incluir la metilenedioximetrinanfetamina en la Lista I. (23)

En esa misma reunión, los Expertos analizaron un amplio catálogo de substancias más o menos relacionadas con amfetaminas y decidieron incluir en la Lista I todas las que tuviesen algún perfil psiquedélico y mandar las demás a otras listas. Un año antes la Comisión de Estupefacientes se había reunido para dictaminar sobre las benzodiacepinas y sus afines, fármacos que desarrollan rápida tolerancia y poseen baja toxicidad. A pesar de ello el debate sobre el diazepam (Valium®) y otras 33 benzodiacepinas fue mucho más intenso ya que el volumen de producción y consumo mundial mostraba las cifras más elevadas que hubiese alcanzado jamás droga alguna, ya que se vendían bajo más de ochocientas denominaciones, su volumen de fabricación anual se calculaba conservadoramente en unas cinco mil toneladas, que equivalen a un billón de dosis. Aldous Huxley las comparó con el ·soma” de su novela Un mundo feliz por considerar que “acomodan al usuario en una adormilada indiferencia hacia lo interior y lo exterior, amortiguando la intensidad psíquica sin impulsar ninguna otra dimensión de conciencia”; para él constituían el arquetipo perfecto de las drogas evasivas: “la analgesia emocional del opio se torna en ellos analgesia mental, libre de ensoñaciones y reflexividad”. (24)

Sometido a votación si las benzodiacepinas seguirían sin fiscalización internacional o si se incluían en la cómoda Lista IV, por mayoría simple se acordó lo segundo. Las reflexiones de Antonio Escohotado sobre la legislación mundial de 1971, seguían siendo vigentes:

Lo esencial de la reacción prohibicionista que cristalizó en el convenio de 1971 fue confirmar el deber/derecho estatal de intervenir en la esfera íntima [...] la pregunta ¿qué drogas son peligrosas y merecedoras de control? tiene ya una respuesta terminante. Son peligrosas y merecedoras de control aquellas cuyo consumo alarme a las fuerzas del orden en cada territorio. Drogas peligrosas son las drogas prohibidas. Es la prohibición aquello que determina la naturaleza farmacológica de algo, en vez de ser esa naturaleza lo que determina su prohibición. (25) 

La política mundial sobre drogas se ha convertido en un medio de recolonización de los países pobres por los desarrollados que bien pudo ser llamado “Acuerdo Farmacrático Este‑Oeste”

Cuando entró en vigor el Convenio de 1971, el mundo aún estaba dividido entre dos bloques, la firma del soviético se vio recompensada con el derecho a producir una parte bastante considerable de los fármacos incluidos en las listas II, III y IV. Por ejemplo: la República Democrática Alemana quedó encargada de elaborar el 80% de las “necesidades lícitas” de amfetamina en el mundo; Hungría prácticamente monopolizó los hipnóticos barbitúricos (en 1977 producía 60 toneladas de metacualona); y la URSS, con alguna colaboración de Polonia, Checoslovaquia y Hungría, pasó a ser el mayor productor y exportador de barbitúricos (amobarbital, ciclobarbital, pentobarbital, fenobarbital y barbital), acercándose en el mismo año a las mil toneladas que en poder narcótico, potencial adictivo, toxicidad y lucro equivalían a diez millones de kilos de opio persa o turco. La producción y exportación de las otras drogas comprendidas en tales listas, pero sobre todo, la de las que no quedaron incluidas en el Convenio, correspondió a los países del bloque capitalista. (26)

Los intentos por hacer que las poblaciones asiáticas tradicionalmente cultivadoras, exportadoras y consumidoras ‑con fines recreativos o medicinales‑ de adormidera y sus derivados (opio y analgésicos naturales), dejaran de serio y pasaran a consumir drogas occidentales, requirieron el desembolso de grandes sumas justificadas bajo programas de sustitución de cultivos. El caso de Irán resulta significativo para ejemplificar la estrategia

Los más connotados médicos islámicos del antiguo imperio persa, Avicena y Rhazes, preconizaron el opio no sólo como antídoto general y remedio para trastornos localizados, sino como costumbre saludable para cualquiera en la tercera edad. (27) Restringido al uso masculino, se calcula que en 1955 (época en que se ilegalizó el opio en Irán) el consumo habitual u ocasional se acercaba al 60% de la población adulta mayor de cincuenta años. En 1969, cuando el mercado negro estaba en su apogeo y circulaban grandes cantidades de heroína tipo 4 y 3 (la primera propiamente heroína y la segunda material de desecho conocido también como “heroína del Tercer Mundo”), se rumoraba que ambas modalidades eran monopolizadas por los Palhevi. Bajo presión de los Estados Unidos comenzaron a implementarse programas terapéuticos de tratamiento con metadona (monopolio norteamericano) análogos a los instituidos por el sistema de salud en la Unión Americana.

Durante la Segunda Guerra Mundial este fármaco fue ofrecido al ejército alemán como analgésico. Tras unos meses de experimentos, los alemanes terminaron rechazándolo por considerado “demasiado peligroso”:

[...] es un opiáceo sintético, cinco veces más adictivo que la morfina, que en tolerancia y toxicidad resulta equivalente a la heroína. Sin embargo los narcóticos naturales‑permanecen en el cuerpo de tres a cinco días tras la retirada, mientras la metadona permanece unas dos semanas, siendo por eso mismo considerablemente más grave su síndrome abstinencia. El informe del ejército alemán [...] mantuvo que era “una verdadera cárcel química.” (28)

En Laos, Turquía y Ankara, también se implementaron clínicas; de desintoxicación a cambio de ayuda económica (2,900,000 de dólares para Laos, 36 millones para Turquía, que ese mismo año ‑1973‑ perdió mucho más por concepto de lo que solían ser sus exportaciones de opio). (29)

El panorama en el territorio sudamericano ancestralmente dedicado al cultivo de coca no difiere mucho del asiático. La coca es un fármaco estimulante, con los efectos característicos de este tipo de substancias: aumento de la vigilia, mayor resistencia a la fatiga y reducción del apetito. En las regiones andinas, además de usarse con fines médicos, constituía un auténtico ‘”opio del pueblo”, puesto que los terratenientes lo prescribían a los campesinos para aumentar su rendimiento usufructuando aún más su fuerza de trabajo.

Perú, Colombia y Bolivia reciben desde 1971 un subsidio anual por parte del gobierno estadounidense superior a los veinte millones de dólares para ayudar a erradicar su cultivo. “Ni un solo centavo se destina para mejorar la vida del indio”. (30) Lo mismo puede decirse del resto de los países en los que se invierten grandes cantidades de dólares para luchar contra las drogas ilícitas, tales como Vietnam, Camboya, Tailandia, Ecuador, Brasil y México, por mencionar algunos.

La cruzada internacional persigue simultáneamente tres objetivos:

1. Presionar a los gobiernos de países subdesarrollados para que modifiquen sus leyes y costumbres adaptándolas a la óptica occidental.
2, Destruir ciertas plantas en diversos puntos del planeta.
3. Exportar fármacos lícitos patentes, laboratorios y agentes antidrogas.

 

La lucha contra las drogas ilícitas está más ligada a razones políticas que de salud pública

Al igual que las “familias” italianas en tiempos de la Ley Seca que ilegalizó el alcohol en los Estados Unidos, las familias actuales, es decir, los “carteles” colombianos y mexicanos, realizan destacados servicios en cuestiones sindicales, sociales y de alta política. Al igual que los “capos” de la mafia, los “narcos” han llegado a pactos estables con las fuerzas policíacas y militares, pagando y cobrando impuestos informales en sus zonas de control. Al igual que a las viejas familias, a los carteles les conviene la ilegalización y el rigor en las medidas represivas porque ello deja fuera del negocio a los pequeños traficantes. No obstante,  los capos del narcotráfico han llegado más lejos en cuestión de corromper a los integrantes del gobierno, a tal punto que en estos momentos el vínculo entre poder político y narcotráfico se antoja indisoluble.

Hoy en día cualquier persona que lleve un seguimiento noticiero, por somero que éste sea, sabe que las organizaciones estatales hacen uso de los recursos económicos derivados de la producción y comercialización de drogas ilícitas para financiar movimientos subversivos, para obtener recursos que sus congresos les niegan, para sufragar campañas políticas para combatir adversarios… los pretextos se multiplican cuando el poder y la avaricia entran en contacto con las estratosféricas cifras que manejan los narcomonstruos. Tampoco es un secreto que a veces cierran los ojos ante ciertas informaciones, no actúan y dejan a otros actuar como cuando el hermano del presidente con cuyo país pretenden firmar un pacto comercial resulta tener claros vínculos con cierto cartel, o cuando el mandatario de cualquier país trafica heroína a condición de mantener a su pueblo sometido mientras vende petróleo barato a sus amigos… Ni el Iran‑gate, ni las operaciones del Triángulo Dorado, ni la participación de los distintos carteles latinoamericanos en la conformación de sus respectivos gobiernos, ni las constantes noticias de funcionarios involucrados en asuntos de narcotráfico o lavado de dinero, se olvidan. No es necesario pues, extenderse en un recuento de lo que a todas luces resulta evidente para cualquier persona medianamente informada.

Como parte de su afán por uniformizar farmacológicamente al mundo, el gobierno norteamericano no sólo exporta al Tercer Mundo sus drogas y sus laboratorios, sino sus «agentes especializados en narcóticos. Vietnam, Laos, Camboya, Tailandia, Irán, Turquía, Perú, Bolivia, Colombia, Ecuador, Brasil y México, son países cuya estabilidad política preocupa sobre manera a los Estados Unidos, dado lo cual resulta altamente sospechoso que sea precisamente en estos países donde sus agentes reportan mayores actividades de «cooperación en la lucha antidroga». Cualquier persona suspicaz puede advertir en ello una intervención disfrazada. 

Para maquillar la intervención y para mantener las grandes cuotas de legitimidad en sistemas políticos cuyos gobiernos se encuentran constantemente cuestionados en virtud de los actos de corrupción en los que incurren sus miembros, resulta lógico que se recurra al poderoso y universal mecanismo de lucha común contra el enemigo

Desde tiempos inmemoriales es sabido que dentro de la dinámica social cualquier localización del mal en un segmento definido genera consensos respecto a los valores defendidos y provoca cierto sentimiento de unidad. Esto es relativamente sencillo en la actualidad cuando los medios de comunicación masiva están dispuestos a exagerar la peligrosidad del supuesto enemigo en un intento por surtirse de noticias espectaculares que les permitan agenciarse el mayor número posible de patrocinadores. Así, pudiendo restablecer la solidaridad social cuando se debilita, la mayoría de los gobiernos suelen apartar la atención pública de los problemas reales y logran canalizarla hacia problemas menos relevantes, mientras pretenden estar trabajando por el bien común.

Si las drogas ilícitas representan el mal, los consumidores de éstas con partidarios del mal y corno tales, no merecen ser advertidos de los verdaderos peligros. Si quieren redimirse, allí están los tratamientos con metadona y las charlas con los terapeutas del sistema; si no quieren, que se los lleve el diablo. Desde la lógica del poder, más vale sostener que las muertes de los partidarios del mal se deben a la droga ilícita que pretendían consumir y no a la adulteración de la que lograron conseguir. A raíz de la prohibición, la avaricia de los narcotraficantes imposibilita cada día más la obtención de drogas puras, ¿por qué ganar menos vendiendo un buen producto cuando se puede ganar más adulterándolo sin peligro de ser sancionado por las instituciones de salud? En el mundo de la venta y la reventa de fármacos prohibidos, presidido por el lucro, el engaño y la traición, el abuso suele pagarse con la muerte.

En 1974 los laboratorios Pharm Chem de California examinaron cuarenta muestras de diferentes dosis de cocaína circulantes en el mercado clandestino de la localidad y determinaron que todas estaban adulteradas en proporciones que iban del 30 al 40 por ciento. Inmediatamente la DEA saltó: “Ese laboratorio no está autorizado para publicar datos sobre la composición química de las muestras de drogas ilícitas cedidas por donantes anónimos”. Diez años después, investigadores que prefieren mantener su anonimato, informan que la pureza media se ha reducido a la mitad. (31)

Cuando los traficantes son un poco escrupulosos emplean como “corte” para esta droga lidocaína, benzocaína y laxantes, cuando no lo son, la cortan con procaína y novocaína, que siendo substancias 70% más tóxicas que las primeras, añaden además dificultades de solubilidad, haciendo más peligrosa su administración intravenosa.

Es sabido que la naturaleza suministra pautas moleculares para millones de drogas, y la más leve modificación química puede producir tanto una droga asimilable, como un auténtico veneno. Las llamadas designer drugs comenzaron a aparecer en los Estados Unidos en 1980 y sus diseñadores les han dado los más diversos nombres: china white, coco snow, crystal caine, synth coke, climax, vitamine K etc. Las drogas que se han venido mencionando algún día fueron legales, pero las de diseño han surgido, como el crack (pasta base de cocaína amalgamada con bicarbonato sódico) desde la ilegalidad como una oferta alternativa para las originales excluidas del tráfico abierto. Desde la clandestinidad de laboratorios improvisados en cocinas, estas drogas son una auténtica ruleta rusa en la que te toca premio o te toca veneno.

Si el poder quisiera procurar realmente el bien común protegiendo a sus ciudadanos, en lugar de invertir millones en organizar la represión, podría comenzar por informar verazmente al público sobre calidad de las existencias de drogas ilícitas en cada zona; podría difundir indicaciones sobre dosis activas y letales; contraindicaciones; efectos de cantidades pequeñas, medianas o altas; modos de detectar empíricamente la adulteración; remedios inmediatos en caso de intoxicación… pero bajo la excusa de no promover la herejía despertando la curiosidad de los no disidentes, preferirá dejar morir a los herejes a manos de adulteradores o por ignorancia respecto a las modalidades de uso, para después hacer constar sus muertes en los registros estadísticos bajo el falso rubro de “sobredosis accidental” y achacárselas a la maldad de las drogas ilícitas. 

El poder estatal se ha abrogado el derecho de regular el estado mental de los ciudadanos recortando la esfera privada para ampliar cada vez más la esfera de lo público

Es un hecho que la muerte no depende del uso sino del abuso o del mal empleo de las drogas, sin embargo las doctrinas de la ONU exportadas a todo el planeta a través del Comité de Expertos de la OMS, generaron el famoso eslogan “No to drugs, yes to life”. Una máscara más para el demonio: las drogas no sólo son malas, son muerte.

Como bien señala Giuseppe Duso en La reppresentanza, un problema di filosofía política, la representación está estrechamente ligada a la imagen y ésta a su vez, parte de la idea. Cuando el propósito es esconder o desvirtuar una idea, el camino a seguir consiste en falsificar o desvirtuar la imagen con que en última instancia será representada. Así la ecuación droga = muerte, responde perfectamente a los propósitos del poder, porque si bien las lícitas también son drogas, difícilmente se les llama por ese nombre; las lícitas son medicinas o son fármacos, son buenas, luchan contra la muerte, las ilícitas son drogas, son malas, son muerte.

Una vez más el poder estatal se conduce como el poder eclesiástico, quien para combatir el peligro de la fornicación tuvo que desvirtuar la idea del sexo, ofreciendo una imagen que ocultara su estrecho vínculo con el placer (cosa que también intenta hacerse en el caso de las drogas ilícitas) para imponer la ecuación sexo = muerte; porque en el caso de la fornicación, el pecado no es venial, sino precisamente pecado de muerte, muerte espiritual que privaría al fornicador de la vida eterna. El Santo Oficio tenía su Index librorum prohibitorum, el imperio farmacrático tiene su Index farmacorum prohibitorum.

Sí consideramos, como Hannah Arendt en La condición humana que no fue sino hasta la época cristiana cuando el valor de la vida se posicionó en el primer lugar de la escala axiológica occidental, la ecuación de la campaña preventiva de la OMS, revela hasta qué punto los valores que se pretende imponer son valores occidentales.

Tal como en la antigüedad los ciudadanos griegos no compartían la lógica del esclavo que prefería preservar la vida sometiéndose a la esclavitud antes que procurando su muerte, los pueblos consumidores de drogas ilícitas general y ancestralmente han sostenido concepciones diferentes en torno a la vida y a la muerte.

Si los pueblos consumidores de coca, hongos enteógenos y peyote han encontrado en ellos un medio para maximizar su calidad de vida, no es menos cierto que los millones de consumidores de drogas ilícitas buscan en ellas lo mismo. Si Avicena recomendaba en Oriente el uso continuo del opio en la tercera edad, era por el valor que los orientales otorgan a una muerte apacible. Y si uno de los principales éxitos cosechados por las drogas psiquedélicas reside precisamente en su utilización como parte de terapias agónicas, ello demuestra que el valor de una muerte apacible es también apreciado por muchos fuera de Oriente.

Es evidente que los millones de consumidores de drogas ilícitas son disidentes del sistema farmacrático y la escala axiológica con la que pretenden justificar sus actos de intrusión a la esfera privada. Es evidente también que el poder detesta la disidencia.

Preocupada por aquellos que han sido expulsado de todas las comunidades políticas, Hannah Arendt aseguraba que:

La razón por la que las comunidades políticas muy desarrolladas, tales como las antiguas Ciudades‑Estados o las modernas Naciones‑Estados, insistieron tan a menudo en la homogeneidad étnica era la de que se esperaban eliminar en cuanto fuera posible aquellas diferencias y diferenciaciones naturales y omnipresentes que por sí mismas provocan un odio, una desconfianza y una discriminación latentes [...] (32)

Lo mismo puede aducirse respecto a la homogeneidad farmacéutica que pretende imponer el poder estatal ya que “la esfera política está tan consecuentemente basada en la ley de la igualdad como la esfera privada está basada en la ley de la diferencia y la diferenciación.” (33) Es mucho más fácil manipular la igualdad que lidiar con la diferencia.

El laureado derecho a la igualdad de la Revolución Francesa está dejando de ser un derecho para convertirse en una obligación, mientras que el otro derecho básico, el derecho a la libertad no ha dejado de ser una entelequia. Beneficiario de esto no es sino el poder estatal que pretende tutelar la homogeneidad y el sometimiento filial de sus súbditos. El psiquiatra de origen húngaro Thomas Szasz, autor de Nuestro derecho a las drogas, así lo advierte cuando señala:

Las drogas son para Occidente como el cordero para Israel: lo que hay que prohibir. Ambos planteamientos parten de cuestiones morales [...] las mismas drogas son buenas o malas, según quien tas tome, cómo y cuándo [...] Los gobiernos nos tratan como niños. Si nos trataran como adultos no tendrían derecho a determinar lo que los demás debemos o no tomar [...] Moderarse significa madurez y detrás de las prohibiciones hay pocas ganas de que los hombres seamos adultos de verdad. (34)

Mientras los gobiernos estatales se empeñen en hacerse cargo de la conducción mental del hombre -cosa que no dejarán de procurar puesto que su poder es inversamente proporcional a la diferencia y a la libertad individual- los ciudadanos no disidentes tendrán que seguir confiando en que el bienestar y la felicidad no se alcanzan en virtud de la libertad de elección y el autocontrol, sino a costa de las prohibiciones institucionales. 

CITAS

1 CROWLEY, Vivianne: La antigua religión en la nueva era: La brujería a examen, Arias Montaño Editores, España, 1991, p. 47.
2 Williarm Burroughs, Jack Kerouac, Allen Ginsberg, Ken Kesey, Neal Cassady, John C. Holmes, Herbert Huncke.
3 Vid, DELASELVA, Teresa: De la alquimia a la química, FCE‑SEP‑CONACYT, México, 1995.
4 HOFANN, Albert: ‘Una pregunta inquietante’, en WASSON, Gordon, et all: El camino a Eleusis, FCE, México, 1978.
5 Cfr. HOFMANN, Albert: 
LSD, Gedisa, Barcelona, 1980.
6 Citas extraídas de los capítulos XXVIII y XIX del Tomo III, de: ESCOHOTADO, Antonio: Historia general de las drogas, Alianza Editorial, Madrid, 1992.
7 Humprhy Osmond propuso designar a este tipo de drogas como psiquedélicas, por considerar que el prefijo psico tenía connotaciones de enfermedad, mientras que el de psique rescataba el carácter espiritual de su etimología.
8 Historia general… Op. Cit., Tomo III, p. 60.
9 “Se calcula que hacia 1970 por lo menos quince millones de personas en el mundo hablan utilizado LSDpor lo menos alguna vez, Ibid, p. 95.
10 Ibíd., p. 65.
11 “Hasta 1966, cuando fue prohibida en Estados Unidos, la investigación en este campo había producido una bibliografía comparable en extensión y variedad a la de todos los demás psicofármacos descubiertos en el siglo juntos”. Íbid., p. 50.
12 Autor del libro One flew ovar the Cuckoos nest, en el que se articulaban algunas claves del movimiento contracultural. En él está basada la película Atrapados sin salida.
13 Historia general… Op. Cit., p. 102.
14 PAZ, Octavio: Corriente alterna, Siglo XXI, México, 1967, p. 105.
15 Lista I: DET, DMPH, DMT, LSD, mezcalina [principio activo del peyote], psilocina, psilocibina[principios activos de dos clases distintas de hongos], parahexilo STP y THC [principio activo de lamarihuana], etc. Lista II: Amfetamina, dexamfetamina, metamfetamina, meflifenidato,fenciclidlina, fenmetracina, etc. Lista III: Amobarbital, ciclobarbital, glutetimida, pentobarbital, secobarbital, etc. Lista IV: Amfepramona, barbital, etclorvinol, etinamato, rneprobarnato, metacualona, meflifenobarbital, metiprilona, fenobarbital, pintadol, SPA, etc.

16 Artículos 5.2 y 7 respectivamente, del Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas, ONU, 1971
17 Cfr. “El negocio de las drogas legales”, periódico El País, España, 14‑08‑93, p. 23.
18 Historia general… Op. Cit., Tomo III, p. 116.
19 Serie de Informes técnicos, ONU, núm 116, 1957.
20 Opiniones recopiladas por S. Adler y P. Abramson en: “Geting high to ‘exstasy’…”, Revista Newsweek, USA, 15‑04‑1985
21 LEARY, Timothy: “XTC: The drug of the 80′s”, Revista Chic, USA, 07‑1985
22 Cfr. LAURIF, Phillip: Las drogas, Alianza, Madrid, 1989, pp. 230‑235.
23 Informe de la Vigesimosegunda Reunión del Comité de Expertos, cfr. ONU, Consejo Económico y Social, doc. E/CN7/1986.
24 Cfr. Historia general… Op. Cit, T III, p. 259.
25 Ibíd, pp. 130‑131.
26 Cfr. Estadísticas de substancias psicotrópicas para necesidades lícitas, ONU, doc. ElINCI31W.15, 1978.
27 Cfr. “Islamismo y ebriedad”, cap. IX, en Historia general… Op. Cit., Tomo I.
28 Ibíd., Tomo III, p. 189.
29 ídem., pp. 146‑147.
30 ídem., pp. 150‑153.
31 ídem., p. 220.
32 ARENDT, Hannah: Los orígenes del totalitarismo. Tomo 2. Imperialismo, Alianza Universidad, Madrid, 1987, p. 437.
33 ídem.
34 “Lo que ayer era pecado es hoy enfermedad mental”, Rev. Muy Interesante, año XIII, no. 01, México 1996, pp. 30‑31.