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Un "Restaurador Corporal" en busca del equilibrio humano

Nacido el 13 de marzo de 1932, este tenaz jubilado catalán que se presenta a sí mismo como "restaurador corporal", tiene una energía y un porte físico destacables entre el común de las personas de su edad.

Antoni Munné i Ramos fundó y dirigió el Centre de Correcció i Condicionament Físic de Barcelona, hasta su jubilación en el año de 1998. Es creador de las terapias somatofilopsíquicas Microgimnasia, Masaje Restaurador Corporal, Gravitoterapia y Micromasaje, todas ellas englobadas bajo el Sistema Analítico Restaurador Corporal (ARC). Ha escrito y publicado tres libros explicando la génesis y el desarrollo de este sistema (Metamorfosi CorporalLa evidencia del cuerpo y El amanecer del cuerpo), que promueve infatigablemente a través de seminarios de divulgación y formación de terapeutas; además de apariciones frecuentes en prensa, radio y televisión, tanto en España como en México.

Actualmente se encuentra a punto de publicar su cuarta obra, Amar el cuerpo, cuyo prólogo es del Dr. Jorge Carvajal.

En esta entrevista habla acerca de su labor actual y los inicios de su carrera, cuando dio el salto cuántico de conciencia que supuso cerrar el gimnasio que dirigía, al darse cuenta de que no conseguía unos cambios y unas mejoras transcendentales, tanto en lo físico como en la salud del cuerpo de sus clientes, tal como él lo había conseguido personalmente.

 

¿Cómo fue que empezaste a trabajar con el cuerpo Toni?

Ya de muy joven el cuerpo me atraía. Cuando niño leía muchos libros de arte y me gustaba dibujar cuerpos desnudos conforme al modelo de los(as) atletas griegos, principalmente de mujeres. Siempre he sentido una atracción por la figura humana que en aquel momento tenía asumidas con relación al arte. Pero esas figuras han sido transformadas al paso de los años. Hoy en día se ha perdido la armonía clásica de las estatuas griegas, donde los cuerpos eran normales, con formas suaves y simétricas, muy bellos de mirar. Incluso los cuerpos de los(as) atletas tenían unas formas suaves, eran cuerpos ideales, sin estridencias, sin formas exageradas. Te hablo de las formas que nos da la misma naturaleza, el universo, sin clasificaciones Kretschmer. Es la morfología perfecta expresada con el número de oro: raíz cuadrada de cinco más uno, partido por dos. 

¿Qué entiendes por formas exageradas?

Lo que no es natural. Se han exagerado mucho los hombros y pectorales, y se han reducido excesivamente las cinturas a medida que se ha ido imponiendo una nueva estética, con la incorporación en todos los deportes, de modernas y cambiantes técnicas de gimnasia y musculación. La mujer también ha entrado en ese despropósito, perdiendo mucho de su feminidad, musculándose para el deporte y por una cuestión de moda. La cintura no tiene por qué ser tan estrecha, ni en la mujer ni en el hombre. Antiguamente eran unas curvas muy suaves a ambos lados del cuerpo, con lo que no quedaban comprimidos especialmente las costillas flotantes, los riñones y la matriz en las mujeres. Las modas a lo largo de la historia han hecho atrocidades con la figura humana, por ejemplo la época de la llamada "cintura de avispa", cuando las fajas tan apretadas impedían la respiración y ocasionaban toda una serie de anomalías entre las mujeres. Lo mismo ha pasado con la moda de los zapatos estrechos y los tacones altos que deforman la figura, causando muchas patologías. El hombre también para ser más macho, para verse más masculino, ha tendido a exagerar sus pectorales, ensanchar sus hombros y estrechar también su cadera en un esfuerzo para verse más ancho de arriba. Todo esto es simplemente antinatural y muy perjudicial. 

¿Y cómo se han producido estos cambios, por genética, por programación visual, por trabajar la fuerza?

Esta metamorfosis se da porque durante muchos años se han estado moldeando los cuerpos artificialmente, y en dos o tres generaciones ya es posible observar los cambios de esta nueva, pero falsificada forma corporal. Se están perdiendo las formas armónicas y bellas. Estamos perdiendo la belleza original. 

¿Cómo llegaste a ser restaurador corporal?

Pues tuve que pasar por un proceso terrible. Mi esposa Carme y yo nos arruinamos económicamente y tuvimos que empezar de cero otra vez... Por instinto siempre me cuidaba, leía mucho e investigaba el cuerpo. Leía cosas sobre alimentación, vegetarianismo, yoga y siempre había hecho deporte. La gimnasia me gustaba muchísimo y durante una etapa muy larga me dediqué a fortalecer mis músculos, a ensanchar mis hombros y a hacer mi cintura más estrecha; tenía unos abdominales muy fuertes, muy cerrados, trabajaba mucho con pesas; también era excursionista y me gustaba mucho correr. En esa época yo entrenaba mi cuerpo en todo lo que iba conociendo porque me apasionaba la gimnasia. Tanto así que montamos un gimnasio cerca de casa. Aunque no tenía un título de profesor de gimnasia, conocía bien todos los métodos y las técnicas porque las había trabajado conmigo mismo, por lo que dábamos unas clases muy cuidadas, muy personalizadas. Pero siempre estaba insatisfecho, aun sin saber que había algo distinto, porque mi cuerpo no me funcionaba como yo intuía que debía de funcionar. Tenía un dolor por aquí, otro por acá, ahora era un codo, ahora era un hombro, ahora unas vértebras lastimadas por levantar barras con muchos kilos de peso, y nunca salía de esto. Entonces me dio por buscar algo distinto, empecé a experimentar el masaje y ciertas técnicas corporales, y a partir de aquí las cosas me fueron saliendo casi espontáneamente, un día leí un anuncio, otro día un libro, y así... Entonces fui escarbando, teniendo entrevistas con varios personajes que iba conociendo, hasta que encontré lo que buscaba. Encontré el método de la famosa François Mézières. Mi trabajo se apoya en su método, en todo el trabajo que ella hizo. Ella fue la que descubrió las cadenas musculares. 

¿Qué son las cadenas musculares?

Son las redes de los músculos. Todo el cuerpo está atado y sincronizado por cadenas musculares. Hay una red principal y luego otras secundarias. Y lo que busca el Método Mézières es rectificar las deformaciones que tiene el cuerpo. Sabiendo que el cuerpo es maleable, tal como lo es una figura de barro. Aunque por debajo haya huesos, los huesos también son maleables. Lo cual quiere decir que cualquier mala dirección que haya tomado el hueso ha sido por imperativo de los músculos y es susceptible de rectificarse a través de la flexibilización de los músculos. Entonces esto me apasionó. Yo siempre he buscado las cosas difíciles. Nunca me he conformado con las cosas fáciles, me gusta el reto. Unas piernas arqueadas son un reto porque es posible volverlas a poner rectas y esto me apasiona. 

¿De quién depende lograr este reto, del terapeuta, de la persona o de los dos?

El terapeuta es un instrumento. Tú puedes ser un gran terapeuta y tener unas manos de oro, como se dice, pero si la persona no se predispone, no se abre, si no ha entendido el trabajo que le vas a hacer, no será posible rectificar el cuerpo que seguirá con todas deformaciones y sus maneras erróneas de colocarse. Nosotros en el trabajo tenemos varias charlas para que la persona se imbuya bien de lo que vamos a hacer. 

¿Es fácil que las personas entiendan este enfoque?

Las personas por lo general ya nos vienen buscando, vienen buscando una cosa distinta, ya saben de este trabajo aunque no lo conozcan con detalle. Entonces es más fácil que la persona entienda lo que vamos a hacer y que el protagonista va a ser él o ella. Y es cuando el trabajo da resultados espectaculares, pero siempre con tiempo. 

¿Cuánto tiempo?

A mí me gusta hablar de un año. Aunque no haya unos defectos o problemas muy marcados, hay que hablar de un año. A partir del primer día se pueden notar cambios. No digo mejoras, digo cambios, porque claro, a medida que va cediendo la rigidez de los músculos, a medida que se van ablandando, que van adquiriendo la elasticidad, hay todo un movimiento de reacomodamiento, en el ámbito de tendones, en el ámbito de articulaciones, en el ámbito de huesos, a nivel del sistema nervioso, sistema linfático, respiratorio... Y hay toda una serie de cambios a nivel del sentir, ya que es muy importante el tema de las emociones, de los sentimientos, y también recibe la influencia de estos cambios en el ámbito psíquico y esto repercute en el comportamiento de la persona. O sea que no hablamos únicamente de un cambio en el ámbito de la estructura en sí, como si se tratara de restaurar un mueble. Como el hombre es una unidad, al mismo tiempo que estamos reestructurando un cuerpo, estamos reestructurando todo el contenido, todos sus sistemas orgánicos y sus emociones, por eso es un trabajo apasionante. 

¿Cuál fue el proceso por el que pasaste de practicar la técnica de Mézières a formular tu propio sistema?

Yo he sido siempre muy intuitivo y muy creativo, y comencé a hacer este trabajo en un espacio del gimnasio que teníamos. Y las dos cosas coexistieron, gimnasia tradicional y nuevo enfoque corporal, hasta que me di cuenta de que en un lado del gimnasio estaba estropeando los cuerpos de mis clientes y en el otro los estaba arreglando. Entonces claro esto me creó un dilema, porque aunque cuidaba la gimnasia, estaba viendo en mis clientes y en mí mismo que eso no marchaba bien. Entonces tuve que plantearme y plantearle a mi esposa Carme, 'Bueno pues seguimos con aquello que ya no me gusta y que cada vez lo veo peor, o nos dedicamos a esto que sí que funciona'. Y claro, Carme muy lúcida y muy sensata dijo, 'Bien. ¿Y de qué vamos a comer?' Y haciendo cálculos, yo le dije, 'Pues de nuestros trescientos y pico de clientes alguien se debe de quedar', y le pedí a Carme que hablara con cada uno de ellos. Eso fue muy arduo para ella, pero lo hizo ¡y no se quedó nadie! 

¿Y qué hicieron entonces?

Pues cerramos el gimnasio y lo transformamos en el Centre de Correció i Condicionament Físic que es ahora. O sea que corregimos y condicionamos el cuerpo. No añadimos nada más al nombre porque la persona que viene aquí busca cambiar su cuerpo físico y si como regalo se añade que la persona está mejor en el ámbito emocional y va solucionando problemas emocionales que han influido en que su cuerpo no funcione tan bien, y si además la persona ve más claro su interior y su comportamiento, pues esto ya es todo un regalo que viene por añadidura. 

¿Cuáles son las actividades del Centro?

Tenemos tres actividades importantes. Una que es el trabajo individual, que son las sesiones donde el terapeuta trabaja con las manos el cuerpo de la persona durante una hora. Por lo general ponemos a la persona en el suelo y allí trabajamos su cuerpo, lo restauramos en el ámbito profundo. Como extensión del Masaje Restaurador Corporal, hacemos el Micromasaje, aplicado con las manos en zonas o territorios puntuales del cuerpo, como el cráneo en el polo superior y los huesos sacros y coxis en el polo inferior. Es un trabajo muy meticuloso, pero al mismo tiempo muy, muy apasionante. Tal como un buen restaurador de muebles hace su trabajo con todo cariño, nuestros instrumentos son las manos y lo que practicamos es un Masaje Restaurador Corporal.

La segunda actividad es la Gravitoterapia, que fue un método que concebí, porque un día unos corredores americanos me enseñaron cómo se colgaban cabeza abajo de los tobillos con unos sujetadores especiales. Ellos decían que eso les descomprimía las vértebras al invertir la postura y les iba muy bien para estirar y fortalecer las piernas. Entonces empecé a experimentar conmigo -cómo es natural y hago siempre- y vi que terapéuticamente nos podía ayudar mucho en la restauración del cuerpo, porque la postura en sí, nos permite contar con un ayudante muy importante: la gravedad que trabaja a nuestro favor. En lugar de estar empujándonos, resulta que aprovechando su dirección, nos está estirando. Mientras el cuerpo está allí colgado, la gravedad trabaja como si fueran unas grandes y delicadas manos que están estirando hacia abajo todo el cuerpo. Entonces empecé a crear un método de trabajo, buscando además distintas maneras de colgar el cuerpo. Y descubrí que si lo tenemos colgado a la inversa, como si estuviera sentado en una silla, pero "sentado" por la parte frontal de los muslos, las piernas dobladas y los pies apoyados en un soporte, resulta que el espinazo queda colgado como una plomada, completamente vertical. Y esta es la postura ideal invertida, que nos permite moldear y trabajar el cuerpo en profundidad, con la inestimable ayuda de un terapeuta incansable y silencioso, al cual no le pagamos sueldo ni lo tenemos asegurado, y como es lógico nunca nos demandará. Así que esto es la gravitoterapia.

Y la tercera actividad es la Microgimnasia, que desarrollé inspirado en el método Mézières. La microgimnasia es un trabajo de grupo donde no hay un profesor que da clases, sino un terapeuta que dirige las sesiones. Queremos siempre distinguir que no pretendemos enseñar nada, porque lo que buscamos es que la persona experimente con su cuerpo. Si le enseñáramos aprendería de una manera mental y rutinaria, mientras que si le damos unas pautas para que experimente, va a poder acercarse y penetrar en las profundidades de su cuerpo, tomando conciencia de él. 

¿Por qué el nombre de microgimnasia?

En principio le había puesto sesiones de "Harmonia" (en catalán), y es como siguen nombrándolo los clientes(as) más antiguos, pero era un poco impreciso, y entonces surgió microgimnasia, porque es una gimnasia (movimiento) pequeñísima, casi microscópica.

 ¿Y todas estas terapias han quedado enmarcadas en un sistema, no es así?

Sí, con el tiempo han sido enmarcadas en el Sistema Analítico Restaurador Corporal (ARC), que tenemos registrado. Hay un análisis del cuerpo, hay la restauración y el trabajo de la persona. 

¿Y cómo fue que empezaste tú a formar a otras personas en este sistema?

Bueno, por demanda. Porque al estar invitado a dar seminarios de microgimnasia en distintas partes de Cataluña y de España, entonces la gente se entusiasmaba y al terminar el curso decían '¿y ahora qué? ¿Qué hacemos?' Porque no había nada, ni siquiera un libro mío. Eso fue lo que me motivó a escribir y a formar profesionalmente.

 ¿Cuándo salió tu primer libro?

En el año de 1990 La Llar del Llibre me publicó el primer libro en catalán: Metamorfosi corporal, com posar el cos en ordre. En 1993 salió La evidencia del cuerpo en Editorial Paidós que se reeditó en el 99. En el 97 también Paidós me publicó El amanecer del cuerpo, y ahora estoy a punto de publicar otro que lleva por título Amar el cuerpo, y que tendrá un prólogo del Dr. Jorge Carvajal, médico de la Universidad de Antioquia, en Medellín.

 ¿Cómo conociste al Dr. Carvajal?

Una buena amiga, asistente asidua a las sesiones de microgimnasia que imparte Roser, me regaló un libro del Dr. Carvajal, titulado Un arte de curar, que me entusiasmó. Por aquella época yo estaba terminando de escribir Amar el cuerpo y posteriormente, otra persona me comunicó que Jorge venía a Barcelona para recibir visitas. Yo llamé, dije quién era, con aquella llamada recuperé una amistad evaporada desde hacía más de diez años, me dio día y hora y conocí al Dr. Carvajal, se estableció una buena química, sincronizamos, le regalé uno de mis libros y le pedí si sería tan amable de prologarme el libro que quería publicar, y me contestó que encantado. 

¿De qué tratará este nuevo libro?

Sobre pedagogía corporal. Pienso que sería interesante que se impartieran clases de educación corporal, en los colegios, en los institutos, en las universidades, y en las Estancias de Bienestar Infantil, mal nombradas guarderías. Empezar con los más pequeños(as), para que aprendan a amar su cuerpo, para que lo respeten, para que lo escuchen y lo puedan entenderEsta sí que sería una buena siembra para las generaciones futuras. Pero tanto en las estancias infantiles, cómo en los colegios, los institutos y las mismas Universidades, se tendrían que involucrar los padres en esta iniciativa pedagógica, por medio de sus Asociaciones, en ese magno esfuerzo de reeducación corporal. Hay demasiada culturización de la mente y del cuerpo, pero no hay pedagogía corporal. En el libro hago propuestas para que uno mismo se pueda reeducar su cuerpo aprovechando todos los momentos del día, e incluso por la noche. Es necesario que la gente ame más su cuerpo. Tanto mi hija la doctora Roser Munné y mi yerno el doctor Joaquim Murt, que dirigen el Centre desde mi jubilación, tenemos muy claro que la falta de amor a uno mismo se manifiesta por la falta de amor al propio cuerpo. Nosotros decimos que la forma hace la función y no que la función hace la forma. Y decimos también que si nuestro cuerpo está equilibrado, nuestros pensamientos y nuestras acciones serán equilibrados. En cambio si nuestro cuerpo está desequilibrado, nuestras acciones serán desequilibradas. Si el cuerpo está equilibrado, no hay excesos, no irá hacia un extremo ni hacia el otro. Estoy seguro que si hubiera cátedras de pedagogía corporal, en un movimiento mundial destinado a equilibrar el cuerpo, y no hablo de ninguna utopía, la conducta de la humanidad iría cambiando a mejor, y esos modos tan terribles de actuación de los humanos, contra los mismos humanos, contra las demás especies, contra la salud, contra el planeta y contra la vida misma.

 ¿Qué actos demostrarían que amas a tu cuerpo?

Intentar día a día tenerlo equilibrado es una manifestación de que lo estás amando o de que estás en camino de amarlo; el hecho de que estés trabajando para recuperar el equilibrio y volver a congraciarte con tu cuerpo, ya es una actitud de amor. Además se nota en tu actuación y en tus maneras de funcionar. En cuanto experimentas una mala jugada, lo más fácil es culpar, criminalizar a todo el mundo, y yo me pregunto quién está más enfermo, ¿el que mata a alguien o el que lo mata a él como castigo? El criminal es el que está enfermo y necesita ayuda, y el castigo no es una actuación humana de amor, no hay compasión, no hay ecuanimidad, no hay comprensión, no hay perdón, es estar siendo y haciendo lo mismo que el criminal. En cambio, si el cuerpo está equilibrado, no es posible que haya estas reacciones. No es posible. Con el equilibrio nace la comprensión de que todos somos víctimas de otras personas que nos han hecho daño, que a su vez son víctimas de otras personas que también les han hecho daño. O sea que la palabra culpable no se tendría que usar nunca. Nadie es culpable; sólo hay víctimas; pero no en el sentido del victimismo de sentirte desgraciado, impotente y con necesidad de que alguien te pague algo o te repare el daño, porque entonces ya estarías nombrando culpables: los padres, los maestros, los vecinos, el gobierno, etc. En cuanto uno sale de este círculo vicioso, lo que uno descubre es que el perdonar es lo más maravilloso que hay. Llegar a perdonar a esos padres que no son culpables sino que son víctimas de otras víctimas, y de otras víctimas, y así... Entonces el hecho de perdonar a alguien que ha hecho unas acciones determinadas que a ti no te gustan, es entender que tiene sus motivos y sus causas por lo que otros le han hecho a él y así sucesivamente. Pero siempre encontrarás, si pones atención, que se trata de cuerpos desequilibrados.

 ¿Entonces el proceso para empezar a trabajar con uno mismo sería reconocer que uno no ama a su cuerpo, perdonarse uno mismo porque nadie nos ha enseñado cómo se hace y luego comenzar a aprender cómo hacerlo?

Exactamente, primero hay que descubrir que a tu cuerpo no lo estás tratando bien y luego empezar este camino de reconciliación con él. Y esto te hará ver que lo mismo ocurre con el resto de la humanidad. Hay que ver que hay algo que nunca ha ido bien y saber que hay un camino para arreglarlo. ¿Y quién tiene que arreglar a quién? Pues uno mismo a uno mismo, no buscar que primero se arregle el vecino, o tu hija o tu hijo, o tu esposa o tu esposo, o tu papá o tu mamá, o tú maestro. No, el primero que tiene que arreglarse eres tú, y el profesor tiene que arreglarse él, y el papá tiene que arreglarse él y así cada uno... Carme dice que cada uno debe arreglar su parcela, y lo dice bien, porque de otra manera el cuento no se acaba nunca. Y si cada cual arregla su parcela, la convivencia será estupenda, será magnífica y sabremos donde está la línea, hasta donde yo he de llegar para no perjudicarte; saber que hay que escuchar y que las maneras de pensar de otra persona son tan importantes como las mías, aunque a lo mejor no me gustan o no estoy de acuerdo con ellas, pero lo he de respetar porque todo es válido, porque aquella persona que piensa aquello tiene sus razones para pensar así. 

Entonces esto de que cada cual arregle su parcela es como una mancha de aceite que se va expandiendo

Sí y además la hay; hay todo un movimiento mundial, toda una serie de terapias y de grupos que buscan esta armonía, pero en lo único que es distinto es que nosotros decimos que hay que hacerlo a través del cuerpo, reequilibrando el cuerpo para reequilibrar la mente, las emociones y el interior. Porque si no arreglamos la estructura, por mucha fuerza mental que queramos tener y por mucha interiorización que queramos hacer, si el cuerpo sigue mal, habrá unas influencias negativas de desequilibrio que influirán en que aquel trabajo que estemos haciendo a nivel mental o a nivel espiritual, no se desarrolle bien, que sea más difícil y en cierto modo infructuoso. Además sólo con la concentración mental, o sólo con la meditación, no será posible rectificar aquellas piernas que tenemos torcidas o aquel desequilibrio que tenemos en el espinazo. 

¿Pero qué hay con la figura gorda del Buda por ejemplo, y con las doctrinas orientales que consideran que el cuerpo es algo más que hay que trascender en este mundo de la ilusión?

Tengo un gran respeto y admiración por ciertas verdades metafísicas elevadas. No me gusta hablar de religión, hablo siempre de la espiritualidad porque es inherente con el ser humano. Admito la fe, sólo como convicción íntima e inquebrantable que surge del descubrimiento de una verdad interior.

Para mí el cuerpo es el contenedor indiscutible de todo lo que configura la persona, o yendo más lejos el SER. Sin el cuerpo, la conciencia, el pensamiento, las emociones, los sentimientos y la espiritualidad, no podrían materializarse para luego exteriorizarse a nivel terrestre. Por lo tanto, es el cuerpo, el que hace posible la manifestación prodigiosa de unas propiedades extraordinarias, a la condición terrenal.

Siguiendo con tu pregunta, yo siempre pongo como ejemplo a la naturaleza y en este caso concreto al mundo animal salvaje. Lo que sí te puedo decir es que no hay ningún animal que esté gordo; ni gordo, ni flaco. Aparte de una sequía que pueda provocar un adelgazamiento por falta de alimento, nunca verás obesidad en el mundo animal, en absoluto. Están en perfectas condiciones de equilibrio. Y hablo de cuando están en su hábitat, en el mundo salvaje. Ellos tienen su instinto "o su inteligencia" para moverse y descansar, para comer hierbas purgantes, para comer una sola clase de alimentos, y mantenerse en su peso. Por lo tanto, yo deduzco que nosotros tenemos de tomar ejemplo de la sabiduría de la naturaleza para mantener el equilibrio.

 Para saber más DFIR recomienda:

·         SABEFE La página web de Antoni Munné: www.tonimunne.com

·         Munné, Antoni: Metamorfosi Corporal, com posar el cos en ordre, La Llar del Llibre, Barcelona, 1990.

·         Munné, Antoni: La evidencia del cuerpo, Paidós, Col. Cuerpo y Salud, Barcelona, 1993.

·         Munné, Antoni: El amanecer del cuerpo, Paidós, Col. Cuerpo y Salud, Barcelona, 1997.

·         Verterá, Terse y Carol Beristaín: El cuerpo tiene sus razones, Paidós, Barcelona.

 

 


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